Más competitividad y más autonomía estratégica. Esa es la senda que debe seguir Europa si busca una reindustrialización real y que por el momento solo está esbozada en un mapa. El momento de mover las fichas es ahora, para así resarcir los 25 años de brecha que hay con Estados Unidos y China. “Europa tiene que ir en busca del tiempo perdido”, afirmó Jordi Hereu, ministro de Industria y Turismo de España, durante su participación en la 41ª Reunión del Cercle d’Economia 2026, celebrada en Barcelona y a la que acudieron diversos empresarios, directivos y dirigentes políticos.
Jordi Hereu indicó que ha llegado la hora de convertir en realidades tangibles las reflexiones de los italianos Enrico Letta y Mario Draghi. Durante el evento, en la mesa redonda llamada “Del diagnóstico Draghi a la acción: ¿qué debe hacer ahora la industria catalana y española?”, Juanjo Cano, presidente de KPMG en España, dijo que la brújula de la competitividad apunta ya a una dirección, pero lo que hace falta es avanzar en su ejecución. “Falta liderazgo, gobernanza y no tratar de aprobar todo con la unanimidad de los 27, porque es complicado sacar cosas adelante de esta manera”, observó el presidente de KPMG.
En la relación con la UE entra en juego un nuevo equilibrio entre debilidades y fortalezas nacionales que requiere una política industrial más europea. Como señala el informe del Cercle d’Economia: en este momento existe un peligro de que los intereses nacionales se impongan a los de los 27 y haya países que compitan por ser más permisivos y abran la puerta a productos actuando “de puerta trasera”.
“Hay que medir fortalezas y debilidades y a partir de ahí trabajar en ayúdame con mis debilidades, yo te ayudo con mis fortalezas, con un objetivo común”, opinó Juanjo Cano. En el caso de España, las fortalezas son claras: energía, telecomunicaciones y digitalización y se pueden poner a disposición de Europa.
Desde el punto de vista de energía, el presidente de KPMG subrayó el liderazgo del país en renovables, su potencial en ámbitos como el hidrógeno y los costes energéticos más competitivos que en otros mercados europeos, características que a juicio de Juanjo Cano suponen “una ventaja que Europa debería poder estar aprovechando con interconexiones”.
Asimismo, destacó que España está evolucionando mejor, pero tiene una serie de retos clarísimos, como la productividad, el tamaño medio de las empresas y una mayor inversión en innovación, en I+D. “Tenemos que hacer nuestros deberes internamente, pero necesitamos también a Europa”, apuntó.
Además, mencionó que la industria nacional representa solo el 14% del PIB, pero tiene como objetivo llegar al 20% del PIB. “La industria está haciendo los deberes y está haciendo un gran esfuerzo y una buena contribución al desarrollo económico de nuestro país”, resaltó por su parte el ministro. Más de tres millones de empleos y 175.000 empresas resumen la fortaleza del sector secundario.
En la mesa, Jordi Hereu puso de manifiesto que La Unión Europea necesita duplicar su presupuesto comunitario si quiere afrontar el reto de la autonomía estratégica y la competitividad. El ministro apuntó que vamos hacia un escenario de PERTEs europeos (proyectos estratégicos para la recuperación y transformación económica) que repliquen el ecosistema de PERTEs nacionales como los desarrollados estos años en España.
“No ganaremos la batalla de la productividad si no movilizamos mucha inversión, en algunos casos pública”, sostuvo el Hereu, que también defendió una arquitectura fiscal armonizada para evitar una Europa de muchas velocidades.
Pero no todo es inversión pública. En sectores como los servicios esenciales y las infraestructuras, según Daniel Tugues, director de Veolia España, la iniciativa privada aporta dinamismo, eficiencia y, por tanto, competitividad.
“Se habla de un ahorro europeo muy conservador. A lo mejor este ahorro conservador no se irá a un Nasdaq europeo, pero sí se puede ir a infraestructura, con horizontes largos y retornos moderados, pero estables y previsibles”, señaló el director de Veolia.
De acuerdo con datos del Banco de España, los españoles mantienen más de 1 billón de euros invertidos en productos bancarios de escasa rentabilidad. Y este fenómeno es común en Europa, como señala Juanjo Cano.
Según los ponentes, es necesario movilizar ese ahorro hacia inversiones productivas que mejoran la competitividad de la economía europea. Para el ministro de Industria, la construcción de la nueva Europa pasa por que “los recursos y el ahorro europeo sirvan para financiar la transformación industrial necesaria en Europa”.
El propio Cercle d’Economia, en su informe anual, pone el acento en la paradoja de que Europa ahorre más que Estados Unidos, pero “no sea capaz de canalizar ese ahorro hacia la inversión que necesita. Los fondos de pensiones y las aseguradoras europeas gestionan unos 10 billones de euros, pero hoy la mayor parte de ese capital se invierte fuera de Europa”.
Una pregunta sobrevoló el debate: ¿Qué significa hoy realmente Made in Europe? La integración de cadenas de suministro y la colaboración con otras regiones afines o próximas geográficamente pueden resignificar este concepto con una doble declinación: “Hecho en Europa” o “Hecho con Europa”, como apuntó el ministro de Industria.
Por un lado, se trabaja en relocalizar producción en Europa no tanto por competitividad como por autonomía estratégica.
“Desgraciadamente no hemos escogido este mundo”, señaló Jordi Hereu, pero la nueva geopolítica provoca que, si antes nos convenía que, por ejemplo, el ciclo integral del aluminio estuviera fuera, “yo ahora quiero, como ministro de Industria, un ciclo integral del aluminio en España, o un ciclo integral del acero, y por tanto una cierta capacidad para ser resiliente y resistente por si se me cierra Ormuz” o cualquier grifo estratégico.
Cuando se habla de autonomía estratégica europea, hay margen para la discusión de cuáles son los sectores esenciales. Pero en las jornadas del Cercle d’Economia se mencionó sobre todo el sector farmacéutico, tecnológico, automotriz y de seguridad y defensa, sin olvidar cualquiera de los componentes de cadenas de valor esenciales para la industria, como las materias primas.
Y para que ese Made in Europe sea una realidad, también planeó durante la jornada la necesidad de una regulación más eficiente y una mayor unidad de acción en los 27. “Daría una marcha atrás en mucha normativa que realmente es barrera de crecimiento y de desarrollo, para que se regulara lo que realmente hay que regular”, sostuvo el presidente de KPMG en España.
“Sin renunciar a los valores me gustaría ver una Europa que a lo mejor pone en pausa esta regulación de tipo más aspiracional y pone más en marcha regulaciones más prácticas para acelerar cosas que sabemos que necesitamos. Y apostar decididamente por la participación de las empresas, que finalmente somos los que vamos a generar este dinamismo y esta creación de riqueza”, dijo por su parte el director de Veolia España.
Un punto clave para la autonomía industrial y tecnológica de Europa es la Inteligencia Artificial. Los participantes en la reunión del Cercle d’Economia la ven como una gran palanca para mejorar la competitividad y la productividad.
Como señala el informe previo a las jornadas, la IA, la robótica avanzada y la computación cuántica están reconfigurando en tiempo real la economía, el trabajo y la propia estructura de las sociedades.
“Son tecnologías que no solo transforman sectores concretos, sino que alteran las reglas de la competitividad global: quien las controle tendrá una ventaja decisiva. Y hoy ese control está concentrado en Estados Unidos y China. Europa es consumidora, no productora”, sostiene el Cercle d’Economia,
“Tengo una visión positiva de la IA, hay una tendencia a darle dramatismo a la inteligencia artificial. Va a haber nuevas oportunidades de empleo y nuevos modelos de negocio para que en donde no somos competitivos podamos pasar a serlo”, señaló el presidente de KPMG.
De hecho, ya se está viendo un aumento de la competitividad gracias a la aplicación de la IA. Según la Fundación Cotec, las empresas que utilizan al menos una tecnología de IA presentan una productividad un 27% superior a las que no la utilizan. Y Funcas prevé entre 2,8 y 3,5 millones de trabajadores verán aumentada su productividad por la complementariedad con la IA, sin que sus puestos desaparezcan.
Como sostuvo Juanjo Cano, el debate no está en si usar o no la IA, sino en gestionar esta transición de forma ordenada, con formación, con recursos y con acompañamiento.
La IA gira en torno al dato. Por tanto, la soberanía digital pasa por controlarlo, así como la infraestructura y la tecnología para su almacenamiento, gestión y gobernanza. En esta materia, España tiene una oportunidad para ser líder.
“En España tenemos una infraestructura de telecomunicaciones muy buena, con una cobertura tanto de fibra óptica como de 5G que no hay en Europa”, remarcó el presidente de KPMG. Esta red de telecomunicaciones, unida a los recursos hídricos y las fuentes de energía renovable, están situando a España como el escenario perfecto para albergar los centros de datos.
No se puede hablar de competitividad, reindustrialización y autonomía europea sin mencionar el talento. La jubilación de la generación más numerosa, unida a la aparición de la IA, que añade más incertidumbre al mercado laboral, dibuja un nuevo panorama.
“Hace tres años hicimos un informe para la Fundación Princesa de Girona en el que se veía la brecha que había entre las necesidades de las empresas y lo que salía del sistema educativo. Muchas empresas no tenían las capacidades que necesitaban y muchos universitarios (cuatro de cada cinco) tenían la sensación de no estar preparados para lo que les iba a exigir la empresa”, resaltó el presidente de KPMG.
Entre los planteamientos para este reto, Cano destacó la importancia de una inmigración ordenada, que contribuya a cubrir determinadas necesidades del mercado laboral. Asimismo, dijo que la competitividad también se ve hoy perjudicada por el absentismo. En definitiva, un conjunto de retos que, como subrayó Juanjo Cano, requiere una estrategia clara.
“Hay que promover una formación continua y potenciar las capacidades tecnológicas con competencias transversales de toda la vida: pensamiento crítico, resolución de problemas y liderazgo”, concluyó el presidente de KPMG.
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