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Apolo 11: el ruinoso proyecto al que la humanidad debe tantos inventos

Apolo 11: el ruinoso proyecto al que la humanidad debe tantos inventos

El alunizaje del Apolo 11 ha sido uno de los proyectos más ruinosos de la humanidad. Hace 50 años tres hombres viajaron a la Luna y se trajeron 21 kilos de rocas sin valor. Coste del programa Apolo: 24.500 millones de dólares, lo que vendrían a ser 152.000 millones de dólares de hoy, según cálculos realizados por la revista Forbes con motivo del 50 aniversario de la hazaña.

Un director financiero habría gritado: “¿Dónde está el ROI (return on investment)?”. Un director de marketing se habría rasgado las vestiduras por los pobres resultados del KPI.  Un auditor tendría que valorar si poner una salvedad en las cuentas de esa empresa que lapida su patrimonio para obtener unos beneficios tan miserables. Desde el punto de vista empresarial habría sido uno de los mayores desatinos de la historia. Sin embargo….

Sin embargo, ha sido uno de los hitos más beneficiosos para la humanidad logrados en menos tiempo. Desde el ordenador personal hasta las gafas antirayaduras, gran parte de la tecnología en la que sustenta nuestro mundo se debe a aquellos locos astronautas en sus estrafalarios cacharros.

El programa Apolo fue lanzado por J.F. Kennedy a principios de los sesenta. Lo peor fue que puso una fecha: ocho años. Ese desafío requería tal cantidad de esfuerzos de diferentes compañías y tecnólogos en tan poco tiempo, que aceleró la llegada de la tecnología de la que hoy disfrutamos.

Había que diseñar, prototipar, construir, probar y corregir las naves para que fueran capaces de llegar a la Luna sin error. Y hacerlo en tiempo récord.

Pero la idea no era aterrizar en la Luna. La idea era que una nave aterrizara en la Luna, recogiera muestras, despegara del satélite y, en medio del espacio, se acoplara de nuevo a otra nave para entrar a la Tierra a 36.000 kilómetros por hora y amerizar con los tripulantes sanos y salvos. Algunas de las pruebas que se había realizado anteriormente habían acabado en explosiones, e incluso con la vida de varios pilotos.

Los inventos que llevaron a la Luna

La NASA no podía hacerlo sola de modo que pidió ayuda a las empresas privadas de EEUU para que fabricaran cosas que pudieran acometer ese desafío, entre otras, fabricar una poderosa lanzadera para poner todo eso en el espacio,  algo que logró Boeing construyendo los inmensos cohetes Saturno.

También había que diseñar aparatos para caber en un cubículo de pocos metros cuadrados. Nort American Rockwell y Grumman construyeron el módulo de mando (de 3 x 4 metros, más o menos como un coche) y el módulo que sirvió apara alunizar. Tenían que resistir temperaturas de 272 grados bajo cero (la ciudad más fría de la tierra no baja de 50 grados bajo cero), y temperaturas de más de más de 2.700 grados, cuando entrase en la órbita terrestre. Un ser humano se deshidrata en minutos a temperaturas de más de 60 grados.

En esos vehículos tenía que haber protección para los astronautas, además de equipo de vuelo y trabajo, aire respirable, agua, comida, ropa, herramientas para arreglar desperfectos, y el espacio equivalente a los aseos. Además, una enorme cantidad de instrumentos de precisión, con lo cual era necesario miniaturizar todo a niveles nunca vistos.

Para mantener la temperatura adecuada en las celdas de oxígeno-hidrógeno (bajo cero) que producían electricidad, Pratt & Whinney, fabricante de motores de aviación, construyó pequeños contenedores que no solo garantizaban la electricidad tan necesaria para los equipos, sino que en el proceso químico producían agua potable para los astronautas.

Correspondió a Texas Instruments, sobre todo a un científico llamado Jack Kilby, desarrollar los microprocesadores que permitieron llevar aparatos de tamaño nunca conocidos en el interior de las naves.Gracias a este invento, pocos años después se pudo reducir el tamaño de las computadoras hasta hacerlas asequibles a las grandes masas: se llamó ordenador personal.

Programadores del MIT diseñaron el software requerido para mantener la velocidad y dirección correcta de la nave, incluso en momentos críticos, y hasta la fábrica de órganos Hammond, creó sistemas cronómetros mecánicos y relojes para los paneles de control de la nave.

Colaboración público privada

Hubo muchos desarrollos más como las lentes antirayaduras fabricadas por Foster Grant, que se necesitaron para los cascos espaciales; y hasta las aspiradoras portátiles y sin cables que se usan para los coches, y que fueron desarrolladas por Black & Decker. Algunos de esos inventos fueron creados en los laboratorios de la NASA, como el minifiltro de agua potable, y luego cedidos en patentes a las empresas privadas. La espuma viscoaelástica, por ejemplo, nació en los laboratorios de la NASA para hacer más cómodos los asientos espaciales, y es la que hoy se usa en las almohadas y en los coches

Todos los desarrollos necesarios para poner al hombre en la Luna en 1969 tuvieron después aplicaciones prácticas. Lo más admirable es que esa miríada de compañías trabajó como  las piezas de un reloj y dieron uno de los mayores saltos tecnológicos de la humanidad. La NASA les organizó en equipos al frente de los cuales puso un director.

Pero quizá algo que ha pasado desapercibido fue la colaboración entre el Estado (la NASA) y las empresas privadas, que hicieron ese sueño posible. Para explicarlo mejor, basta con conocer las condiciones del próximo gran proyecto de la NASA: volver a la Luna en 2024 y explorar Marte para un posible viaje futuro.

La NASA anunció a finales de julio que ya había elegido a 13 compañías colaboradoras para “madurar” la tecnología necesaria y mantener el liderazgo de EEUU en el espacio. Una de las condiciones esenciales es que estas investigaciones, que requieren una inmensa cantidad de dinero privado, no son reembolsables. Según la ley de los Acuerdos Espaciales (Space Act Agreements) tienen que hacerlo gratis cuando se trata de misiones espaciales.

Y por supuesto, otra de las condiciones que aceleró la llegada de toda esta tecnología fue la competencia contra la Unión Soviética, pues se trataba de llegar al satélite antes que los rusos. Era una carrera tecnológica contrareloj. Ahora, quizá se trata de competir con los chinos.

2 comentarios

  • Estupendo artículo.
    En mi opinión, más allá de la colaboración empresa pública / privada, aparece la unión de esfuerzos por alcanzar una meta que desafía a todos los componentes del equipo, que los sitúa en un escenario desconocido con una posibilidad de éxito mínima. La motivación es la clave.

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