El coste oculto de gestionar una empresa con 20 ERPs: la cultura del dato como clave

Hay una frase que escuchamos mucho entre los directores financieros y fiscales de nuestros clientes, que además es totalmente lógica: “el negocio siempre va antes que la fiscalidad y la contabilidad”.  

Cuando una compañía detecta una oportunidad en un nuevo mercado, necesita reaccionar rápido, porque hay que constituir una sociedad, contratar personas, abrir cuentas bancarias o firmar contratos. La prioridad es hacer negocio.  

Si una licitación estratégica exige presencia local o un cliente relevante plantea un proyecto en un nuevo país, el objetivo no suele ser diseñar un modelo operativo perfecto. Esto, por ejemplo, nos pasa mucho con clientes de sectores como el energético, infraestructuras o tecnológico.  

Por eso, muchas multinacionales no nacen de un gran diseño corporativo global, sino que se construyen poco a poco, a medida que el negocio crece. Una filial en Canadá para atender un proyecto concreto, otra en Australia tras ganar un contrato, una adquisición en Latinoamérica que incorpora sus propios sistemas, etc. Cada una de esas decisiones tiene sentido cuando se toma, pero el problema es que nadie suele pensar en cómo encajarán todas ellas 10 años después.

Cuando las facturas empiezan a llegar a las filiales 

Durante los primeros años, esta complejidad suele pasar desapercibida. Cada filial cumple con sus obligaciones, opera con autonomía y responde a las necesidades del negocio local, pero el problema aparece cuando la organización intenta gestionarse como una única compañía. 

Ahí empiezan a surgir preguntas sencillas pero difíciles de responder: ¿cuánto gastamos realmente en una determinada categoría a nivel global?, ¿por qué el cierre funciona de forma distinta según el país?, ¿por qué necesitamos tantos ajustes manuales para consolidar la información?

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El coste oculto de tener múltiples ERPs 

El coste de esta situación no solo está en las licencias o en el número de ERPs, sino también en las horas dedicadas a conciliar datos, investigar diferencias, rehacer informes o adaptar procesos globales a excepciones locales.  

De hecho, este coste se vuelve todavía más visible cuando la organización intenta automatizar procesos, mejorar su reporting o desarrollar iniciativas de inteligencia artificial. La tecnología suele funcionar, pero los datos y procesos sobre los que se apoya no son consistentes.   

¿Cómo homogeneizar procesos y datos en una multinacional con varios ERPs?

No se trata de estandarizarlo todo, sino de buscar una gestión eficiente de los datos. El dato pasa a ser un activo muy valioso para las organizaciones y contar con una cultura de gestión y tratamiento de la información es fundamental.  

La solución no pasa necesariamente por implantar un único ERP global. Pocas organizaciones pueden permitirse una transformación de ese calibre (y coste) a nivel global.  

Nuestra experiencia demuestra que el mayor impacto suele conseguirse definiendo procesos comunes, homogeneizando los datos clave y estableciendo criterios claros para registrar las operaciones más relevantes del grupo y definiendo un modelo de gestión homogéneo.  

Tres pasos para estandarizar los procesos fiscales y contables del grupo 

La clave está en decidir qué debe ser común y qué puede continuar siendo diferente. Un enfoque práctico puede estructurarse de la siguiente forma:

  1. Realizar un taller, que nosotros denominamos Discovery Workshop, para ver la foto de situación de los procesos fiscales y contables globales. 
  2. Realizar un análisis de madurez, en base a los resultados del taller, para identificar áreas de acción para estandarizar y eficientar los procesos. 
  3. Ejecutar las acciones de mejoría que se hayan identificado en el análisis, por ejemplo: 
  • Definir criterios comunes para registrar las operaciones más relevantes del grupo. No es necesario homogeneizar todo, pero sí aquellas transacciones que condicionan el reporting financiero y fiscal. 
  • Establecer una única definición para los principales indicadores de gestión. Por ejemplo, el EBITDA, gastos corporativos, costes de estructura o provisiones deberían significar exactamente lo mismo en todas las geografías. 
  • Construir una cultura común del dato. El objetivo no es que todos los países trabajen igual, sino que la información crítica se genere de forma consistente y comparable, con un objetivo común, cuidar el dato como un activo de alto valor añadido. 
  • Implantar modelos de reporting globales, sencillos y prácticos. Muchas veces no hacen falta grandes plataformas.  
  • Aprovechar la automatización y la inteligencia artificial sobre una base sólida y un dato estructurado y de fácil acceso, con las vías de canalización bien definidas. La experiencia demuestra que los mejores resultados no se obtienen incorporando más tecnología, sino asegurando primero que los datos y procesos sobre los que trabaja esa tecnología son consistentes. 

La cultura del dato: clave para que todos los ERPs hablen el mismo idioma  

Por tanto, el verdadero problema no es tener 20 ERPs, sino que esos 20 ERPs acaben reflejando 20 maneras distintas de registrar, interpretar y gestionar la misma realidad económica.  

Las organizaciones que consiguen resolver este desafío no son necesariamente las que tienen menos sistemas, sino las que logran que todos ellos hablen el mismo idioma. Esa suele ser, precisamente, una de las mayores oportunidades de eficiencia y simplificación que todavía existen en muchas multinacionales. La cultura del dato es, ahora más que nunca, una prioridad para su transformación.