La nueva industria impulsada por la IA

La inteligencia artificial está alterando los cimientos de la industria. En las fábricas, los algoritmos ya optimizan procesos en tiempo real, anticipan averías y mejoran la planificación de la producción. Los productores de automóviles y compañías energéticas aceleran sus inversiones para ganar eficiencia, reducir costes y, sobre todo, acortar los tiempos de decisión en un mercado cada vez más competitivo.

La industria manufacturera se encuentra en plena transformación tecnológica, en un momento en el que influyen de manera esencial factores como las tensiones geopolíticas, la resiliencia de las cadenas de suministro y la necesidad de mayor eficiencia. En este contexto, la tecnología —especialmente la IA— se consolida como un habilitador estratégico para su avance. El sector destaca por su madurez en infraestructuras digitales y está avanzando desde pruebas piloto hacia implementaciones a gran escala, según el informe KPMG Global Tech 2026.

Por su parte, el sector de la automoción también se encuentra en un momento determinante, marcado por una disrupción sin precedentes que está redefiniendo tanto el producto como los modelos operativos. Las compañías avanzan impulsadas por la inteligencia artificial, el software y los datos hacia una transformación más profunda y escalable, donde la capacidad de adaptación, la gestión de la complejidad tecnológica y la generación de valor tangible se convierten en factores críticos para competir.

En paralelo, sectores como Energía, Recursos Naturales y Química miran hacia un modelo donde la tecnología es motor directo del negocio, con aplicaciones reales de IA y otras tecnologías emergentes que ya generan valor tangible. Se observa una mayor madurez y retorno de la inversión, junto con una reducción de proyectos piloto en favor de despliegues escalables. Hoy, el diferencial competitivo reside en la capacidad de ejecución: talento, gobernanza y gestión de la IA.

La IA como motor de la industria

La tecnología avanzada se ha convertido en el principal motor de competitividad en la industria manufacturera, hasta el punto de que casi nueve de cada diez directivos la consideran clave para diferenciarse en los próximos años. Este convencimiento se refleja en una adopción cada vez más madura. El sector ya destaca por el desarrollo de sus infraestructuras de red y nube, y está acelerando el uso de la inteligencia artificial, pasando de iniciativas piloto a despliegues a escala que, en cerca de la mitad de los casos, ya generan impactos financieros relevantes.

La prioridad ha dejado de ser identificar casos de uso para centrarse en su escalado efectivo. La IA ya aporta valor en ámbitos como el control predictivo de calidad, la optimización de la producción o la personalización de productos mediante capacidades generativas. Este avance, sin embargo, depende en gran medida de factores habilitadores como la calidad del dato y la ciberseguridad, un ámbito en el que ocho de cada diez fabricantes prevén incrementar significativamente su inversión ante el aumento de la digitalización.

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Todo ello se produce en un entorno exigente, marcado por tensiones globales, la necesidad de reforzar la resiliencia de las cadenas de suministro y la presión por mejorar la eficiencia operativa, lo que sitúa a la alta tecnología como un elemento central para afrontar los retos actuales y sostener el crecimiento.

Los fabricantes industriales en todo el mundo están acelerando la inversión en tecnología para reajustar sus modelos de negocio de cara a enfrentar los cambios en la dinámica global.

Automoción: convertir la disrupción en impulso

La capacidad de convertir la tecnología en una ventaja competitiva tangible se ha convertido en el eje central del sector. El 74% de los directivos identifica las tecnologías avanzadas como el principal motor de diferenciación en el corto plazo.

Esto se produce en un entorno de cambio acelerado, donde el 86% reconoce que los planes tecnológicos quedan obsoletos con rapidez, lo que obliga a las organizaciones a adoptar enfoques más ágiles, flexibles y adaptativos en su estrategia.

El sector afronta un punto de inflexión en el que la disrupción impulsada por la inteligencia artificial, el software y los datos está redefiniendo tanto el producto como toda la cadena de valor. Las compañías están dejando atrás la fase de experimentación para avanzar hacia la integración de la IA y la automatización a escala en operaciones, ingeniería y la relación con el cliente, aunque este progreso sigue siendo desigual debido a limitaciones como los sistemas heredados, la escasez de talento y la deuda tecnológica acumulada.

Pese a estos desafíos, predomina una visión positiva y el 88% de los ejecutivos espera un crecimiento de ingresos en los próximos 24 meses, lo que refleja una clara apuesta por la transformación digital como palanca de crecimiento. Para materializar este potencial, las organizaciones están priorizando inversiones más selectivas y disciplinadas, reforzando aspectos críticos como la resiliencia del dato, la soberanía tecnológica y el desarrollo de capacidades locales antes de escalar nuevas iniciativas.

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De cara al futuro, la exigencia es ir hacia modelos operativos más estandarizados y gobernados, capaces de escalar la inteligencia artificial, generar retornos sostenibles y mantener la innovación en entornos de alta volatilidad.

En toda la industria de la automoción, las empresas planifican sus pasos con mucha más disciplina: fortaleciendo primero la resiliencia de los datos, la soberanía y la capacidad local, antes de desbloquear un crecimiento específico bajo una gobernanza y un control financiero más estrictos.

El camino de la energía a una transformación tecnológica inteligente

La verdadera ventaja competitiva en el sector de Energía, Recursos Naturales y Química (ENRC) ya no depende únicamente de cuánto se invierte en tecnología, sino de la capacidad para ejecutarla con eficacia y a escala. En este sentido, el 96% de los líderes considera que la gestión de agentes de inteligencia artificial será una competencia crítica en los próximos cinco años, lo que pone el foco en aspectos como el talento, la gobernanza y la transformación cultural de las organizaciones.

Este cambio se produce en un contexto de mayor madurez y retorno tangible: una de cada cinco compañías energéticas ya obtiene rendimientos superiores al 200% en sus inversiones tecnológicas, mientras que el peso de los proyectos piloto se reduce de forma significativa (solo el 29% sigue en fase experimental), evidenciando el paso hacia modelos más escalables y orientados a resultados.

“La inteligencia artificial se ha convertido en una condición necesaria para la transición energética: permite optimizar la producción y el consumo de energía, integrar fuentes renovables, aumentar la eficiencia de las infraestructuras y gestionar la creciente complejidad de un sistema energético en transformación. Sin embargo, también representa uno de los mayores desafíos de demanda energética de las próximas décadas”, afirma Eduardo González, Socio responsable de Energía y Recursos Naturales de KPMG en España, Global Head of Oil&Gas – Audit y Responsable de la oficina de KPMG en Asturias.

La tecnología ha dejado de desempeñar un papel de soporte para convertirse en un motor directo del negocio. La inteligencia artificial, junto con innovaciones como XaaS, edge computing, gemelos digitales o la computación cuántica, se está aplicando en casos concretos como la optimización de la producción, el mantenimiento predictivo o la gestión integral de activos, donde ya comienza a generar valor medible.

El sector avanza hacia una nueva etapa en la que el reto principal no es experimentar, sino consolidar, industrializar y escalar estas capacidades tecnológicas.

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Los tres sectores reflejan una misma realidad: la tecnología ha pasado de ser un habilitador a convertirse en el núcleo de la estrategia empresarial y en el principal motor de competitividad. El verdadero reto no reside en la adopción tecnológica, sino en su ejecución a escala.

La capacidad de industrializar soluciones, garantizar la calidad del dato, reforzar la ciberseguridad y desarrollar talento y modelos de gobernanza adecuados será determinante para sostener el crecimiento en entornos cada vez más volátiles. En este contexto, las organizaciones buscan convertir la disrupción en valor continuo para liderar las próximas etapas de transformación.