De copilotos a agentes: así cambia la IA al mundo empresarial

Hay tecnologías que mejoran procesos y otras que cambian la lógica entera del sistema. La inteligencia artificial (IA) pertenece a esta segunda categoría. No solo porque automatice tareas o acelere la ejecución de determinados flujos de trabajo, sino porque altera la manera en que las organizaciones operan, deciden y se relacionan con su propia infraestructura. Su potencial de transformación es comparable al de otras grandes innovaciones —como la imprenta, la electricidad o internet— que han cambiado el devenir de la economía y la sociedad.

Ese es, precisamente, el contexto en el que hoy se mueve el debate empresarial sobre inteligencia artificial. Ya no basta con preguntarse qué herramienta conviene desplegar o qué caso de uso puede ofrecer una mejora puntual de productividad. La cuestión de fondo es otra. Y en esta conversación, Enrique Solbes, Chief Digital Officer (CDO) y Head of Alliances de KPMG en España, y Carolina Castillo, directora de Operaciones y Marketing en Microsoft España, analizan cómo cambia la empresa cuando la IA deja de ser un apoyo periférico y empieza a convertirse en una capa operativa que conecta datos, sistemas, personas y decisiones.

“Creo que la IA es la gran revolución de este siglo”, dice Carolina Castillo, directora de Operaciones y Marketing en Microsoft España. Hoy, en una gran parte de las empresas, empieza a consolidarse un ecosistema de agentes inteligentes que colaboran con los humanos y transforman de forma profunda la operativa diaria. “Se está produciendo un cambio de paradigma”, añade Enrique Solbes, Chief Digital Officer (CDO) y Head of Alliances de KPMG en España.

El tejido empresarial transita así desde el modelo SaaS —los ERPs y CRMs que han sustentado durante años los procesos de negocio— hacia un entorno en el que la inteligencia artificial, y en particular los agentes, pasan a ser aliados centrales en la ejecución. Este avance, acelerado en apenas cuatro años desde la irrupción de la IA generativa y luego hacia la IA agéntica, trasciende el ámbito empresarial. Su impacto se proyecta sobre el conjunto de la sociedad.

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De copilotos a agentes, el cambio en la IA

La evolución reciente de la inteligencia artificial permite entender mejor la magnitud del cambio. El primer estadio estuvo marcado por la aparición de copilotos: asistentes diseñados para responder preguntas, sugerir contenido o agilizar tareas concretas. Un primer paso que sirvió para familiarizar a las organizaciones con una IA de apoyo.

Pero la evolución ha sido rápida. “Hemos visto cómo eso ha evolucionado a asistentes con inteligencia artificial en forma de agentes. Agentes que ejecutan tareas de forma automática”, explica Carolina Castillo. La diferencia es clave: mientras el copiloto acompaña, el agente actúa.

Este salto responde a una transformación más profunda en la relación entre personas y tecnología. “Ya no codificas workflows, sino que los agentes se encargan de ejecutar el trabajo”, señala Enrique Solbes. Las organizaciones comienzan así a operar bajo una lógica distinta, basada en la definición de objetivos, misiones y límites de actuación. “Se trata de establecer metas y guardrails, y dejar que el sistema ejecute”, añade el especialista de KPMG.

“Creo que la IA es la gran revolución de este siglo”.
Carolina Castillo
Directora de Operaciones y Marketing en Microsoft España

Desde esta perspectiva, la IA deja de ser una funcionalidad más dentro del software para convertirse en un manto que redefine la arquitectura operativa. “Ya no es necesario ir pasando de una aplicación a otra. La nueva plataforma conecta sistemas y permite operar desde una única interfaz”, apunta Carolina Castillo.

Este desplazamiento reordena la experiencia del trabajo digital. Las aplicaciones siguen presentes, pero pierden protagonismo frente a una innovación como la IA, capaz de activar procesos, consultar datos y coordinar acciones mediante lenguaje natural. Ahora los empleados, en todos los niveles, cuentan con una herramienta que les ayuda a hacer las cosas más rápido.

Así lo demuestra Work Trend Index 2026 — un estudio realizado por Microsoft realizado entre más de 20.000 trabajadores que usan la IA en una decena de países —, el cual revela que gracias a la inteligencia artificial el 66% de los encuestados puede dedicar más tiempo a trabajos de alto valor. “A medida que los agentes asumen más ejecuciones, los humanos tienen cada vez más autonomía, más espacio para dirigir el trabajo, tomar las decisiones y hacerse cargo de los resultados”, resalta Carolina Castillo.

“Se está produciendo un cambio de paradigma”.
Enrique Solbes
Chief Digital Officer (CDO) y Head of Alliances de KPMG en España

La experiencia del “cliente cero”

Con ese telón de fondo, la adopción real de la tecnología se convierte en un factor diferencial. La capacidad de aplicar estas soluciones internamente permite construir un conocimiento transferible a los clientes. KPMG ha asumido ese rol como “cliente cero”, desplegando en su propia organización herramientas como Copilot o Copilot Studio. “Nos gusta decir que es tomar tu propia medicina o, en versión anglosajona, drink your own champagne”, explica Solbes, en alusión a un enfoque basado en la experiencia directa como base del asesoramiento.

Esta colaboración ha acelerado la transformación de KPMG. La integración de soluciones (desde Microsoft 365 Copilot y Copilot Studio, hasta Microsoft Fabric y nuevas capacidades de inteligencia artificial generativa) ha permitido a la firma evolucionar hacia un modelo orientado al aprovechamiento de los datos.

Los resultados reflejan ese avance. KPMG ha rebajado entre un 40% y un 60% el tiempo necesario para transformar datos en información útil para la toma de decisiones, mejorando su capacidad de análisis y respuesta. Además, el desarrollo de productos basados en datos se ha acelerado, con reducciones de entre el 30% y el 50% en los plazos que transcurren desde la concepción de una iniciativa hasta su puesta en producción.

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A ello se suma una disminución del 70% en la duplicidad de datos, un avance que contribuye a fortalecer la calidad, la seguridad y la gobernanza de la información.

Esta experiencia ha permitido no solo entender el potencial de la tecnología, sino identificar sus implicaciones reales en procesos, equipos y cultura organizativa. “Más que una opinión, es la realidad de lo que hemos construido y estamos llevando al mercado de manera conjunta”, añade Castillo.

Sobre esta base se articula una colaboración en la que Microsoft aporta el desarrollo tecnológico —desde el cloud hasta la inteligencia artificial o la ciberseguridad—, mientras KPMG contribuye con su conocimiento de industria y transformación. El resultado es una propuesta de valor que integra tecnología, procesos y visión sectorial, y que responde a una necesidad creciente: ayudar a las organizaciones a priorizar, implementar y escalar el uso de la IA con criterio.

El papel de la alta dirección en la adopción de la IA

Dicho acompañamiento trasciende lo puramente operativo. La adopción de la inteligencia artificial requiere implicación al más alto nivel de la organización. “El poder de influencia en los C-level es totalmente diferencial en este momento”, señala Carolina Castillo, que subraya la necesidad de un liderazgo activo desde la dirección.

Enrique Solbes afirma en este punto que la adopción a escala solo se produce cuando existe un compromiso claro desde la cúpula.  “En KPMG el despliegue ha sido a una escala increíble en toda la firma porque había un compromiso y un sponsorship del máximo nivel. Así ocurre con los clientes que avanzan más rápido”, subraya.

La transformación ya no está circunscrita al área tecnológica, pues requiere una visión transversal que afecta a todas las funciones clave de la firma. Por ello, las empresas que apuestan por la IA se preguntan dónde está el retorno de la inversión (ROI), explica el Chief Digital Officer y Head of Alliances de KPMG en España.

Según el experto, hay varios factores que explican por qué algunas organizaciones logran extraer más valor de sus inversiones tecnológicas que otras, de acuerdo con el informe Global Tech, una encuesta realizada a 2.500 líderes en tecnología de 27 países. El primero tiene que ver con la escala. Las organizaciones más ágiles, que en muchas ocasiones son las de menor tamaño logran un ROI de 3,6x y suelen invertir más en proporción a sus ingresos. Por lo general, cuentan con menos silos, ecosistemas más simples, una gobernanza más ágil y procesos de aprobación rápidos.

“En KPMG el despliegue ha sido a una escala increíble en toda la firma porque había un compromiso y un sponsorship del máximo nivel. Así ocurre con los clientes que avanzan más rápido”.
Enrique Solbes
Chief Digital Officer (CDO) y Head of Alliances de KPMG en España

El segundo está relacionado con la clara visión de anticiparse como early adopters. Aquellas que adoptan nuevas tecnologías en fases tempranas invierten menos, pero obtienen más, alcanzando un ROI de 2,2x frente al 1,4x de los adoptantes tardíos, explica Enrique Solbes. Esto sugiere que se benefician de disponer de más tiempo para aprender y perfeccionar su enfoque.

El tercer factor está vinculado con una visión menos cortoplacista del retorno, que evita la obsesión inicial por el ROI y acaba traduciéndose en mejores resultados cuando llegan las métricas. Por último, el cuarto está relacionado con aquellas organizaciones que tienen un ADN orientado a la transformación, donde la cultura del cambio convierte a la inteligencia artificial en una palanca de impacto comparable a pocas en las últimas décadas, subraya Enrique Solbes.

El sello de la casa: la confianza

La confianza emerge como el elemento vertebrador en toda esta historia. “El sello más destacado de KPMG es el trust (la confianza)”, resume Enrique Solbes, en referencia a un enfoque que integra seguridad, gobernanza y cumplimiento normativo. La ciberseguridad adquiere aquí un papel central.

Los avances en IA no solo abren nuevas capacidades, sino también nuevos vectores de riesgo. “La amenaza existe, pero contamos con miles de millones de señales que nos permiten anticiparnos”, apunta Carolina Castillo, destacando la importancia de incorporar la seguridad desde el diseño.

Al mismo tiempo, cuestiones como el control del acceso a la información o la gestión de agentes inteligentes dentro de las organizaciones refuerzan la necesidad de una gobernanza sólida. “No se trata solo de usar la IA para ser más seguros, sino de garantizar que la propia IA lo sea”, añade Solbes.

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La verdadera transformación dependerá de la capacidad de integrar la IA de forma útil, segura y alineada con las necesidades de las personas. La inteligencia artificial promete cambiar la manera de trabajar, aprender y tomar decisiones, pero su impacto real se medirá por los beneficios que sea capaz de generar en la sociedad.

Carolina Castillo cree que, tras la rapidez de los cambios actuales, la IA acabará incorporándose con naturalidad a la actividad de empresas y ciudadanos, y confía en que sirva para democratizar el acceso a la tecnología: ayudará a reducir el tiempo dedicado a tareas de poco valor y abrirá nuevas posibilidades en campos como la educación, la salud o la creación de nuevos negocios. “La tecnología nos permitirá dedicar más tiempo a resolver problemas que hasta ahora no hemos podido solucionar”, señala.

Enrique Solbes también comparte esta visión optimista, aunque recuerda que el desarrollo de la IA exige tomar decisiones acertadas desde el principio. A su juicio, tan importante como avanzar en innovación será establecer las condiciones necesarias para que esta tecnología genere confianza y valor. “Somos unos privilegiados por vivir esta revolución, pero también tenemos la responsabilidad de que la IA se use de forma ética, responsable y sostenible”, concluye.