El Foro de Davos llama a la cooperación para reconstruir la confianza

En plena tormenta geopolítica, con el conflicto en Oriente Próximo, los recientes enfrentamientos de Estados Unidos y Reino Unido con los hutíes de Yemen y la guerra que se prolonga en Ucrania, se celebra estos días la reunión del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés). El contexto también está marcado por un entorno económico incierto, con una desaceleración del crecimiento de las principales economías del mundo, una inflación persistente y una política monetaria estricta que, aunque según el ‘Global Economic Outlook’ elaborado por KPMG se suavizarán en el tiempo, continúan marcando la toma de decisiones de las compañías a nivel global.

El más conocido como Foro de Davos atrae este año a la ciudad suiza a más de 2.800 líderes de 120 países para debatir sobre cómo ‘Reconstruir la confianza’, el lema de esta 54ª edición. Y es que, aunque en esta cita no se adopten decisiones como tal, en los últimos años la reunión de Davos se ha erigido como uno de los grandes eventos en los que representantes gubernamentales, del entorno empresarial y de la sociedad civil esbozan los grandes retos a escala mundial y, sobre todo, el rumbo a seguir para enfrentarlos.

El diálogo, la puesta en común y el consenso entre las partes han sido siempre aspectos clave en esta cumbre, pero han alcanzado su máxima expresión en esta edición. Pues lograr la seguridad y la cooperación en un mundo fragmentado es uno de los pilares sobre los que se erige estos días la discusión en Davos, precisamente, por las tensiones y conflictos que persisten a nivel global: la ONU ya advirtió a principios de 2023 que era el año con más conflictos violentos en el mundo desde la Segunda Guerra Mundial. Y el Fondo Monetario Internacional (FMI) alertaba recientemente de que la fragmentación mundial podría reducir un 7% el PIB mundial.

Frente a la globalización que ha protagonizado el escenario internacional de la última década, la actual fragmentación amenaza con desestabilizar el orden mundial y, en consecuencia, la economía. Así lo consideran siete de cada diez economistas jefe de instituciones públicas y privadas encuestados en un informe reciente del Foro Económico (WEF, por sus siglas en inglés), que prevén que el ritmo de la fragmentación geoeconómica se acelere este año, a lo que se une que la mayoría de los encuestados afirma que la geopolítica aumente la volatilidad de la economía mundial (87%) y de los mercados bursátiles (80%).

Es por ello que el Foro Económico Mundial hace estos días un llamamiento general a la cooperación global, con el convencimiento de que los retos a los que se enfrenta el mundo, tanto económicos, sociales como geopolíticos, necesitan de la unión y trabajo conjunto. Y, más allá de eso, para encontrar (y saber aprovechar) las nuevas oportunidades que, sin duda, este nuevo paradigma traerá consigo.

Crear crecimiento y empleo para una nueva era

Para aprovechar esas oportunidades, estos días se debaten los grandes temas en los que, efectivamente, se debe trabajar de manera conjunta. En este sentido, “afianzar el crecimiento de la economía y el empleo es crucial, sobre todo, en un momento en el que los profesionales mejor cualificados están realmente cotizados y el avance tecnológico fuerza a estar actualizándose constantemente”, señala Cristina Hebrero, socia responsable de People & Change de KPMG en España. Por ello, desde la perspectiva de las organizaciones, la propuesta de valor al empleado para atraer y fidelizar el talento vuelve a situarse un año más entre las prioridades estratégicas de los líderes empresariales españoles para los próximos tres años, según se desprende del KPMG 2023 CEO Outlook.

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Una propuesta de valor que deberá adaptarse también a un cambio social que se acerca con fuerza en las principales economías occidentales: cada vez son menos los jóvenes que se incorporan a la población activa, debido, por un lado, al descenso de las tasas de fertilidad y, por otro, a la mayor esperanza de vida de los países desarrollados. Y es que, según datos de la OCDE (la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), en los últimos tiempos se está invirtiendo una tendencia a largo plazo hacia una jubilación más temprana. En los países del G7, por ejemplo, los trabajadores mayores de 55 años superarán el 25% de la población activa en 2031, casi 10 puntos porcentuales más que en 2011.

Con todo ello, las organizaciones deberán poner en marcha programas para integrar a los trabajadores mayores en su sistema de talento. Porque con las herramientas y la mentalidad adecuadas, el envejecimiento de la mano de obra puede ayudar a las empresas a superar sus carencias de talento y crear puestos de trabajo de alta calidad, que conviertan las capacidades de los trabajadores mayores en fuentes de ventaja competitiva. De hecho, ya hay estudios de la OCDE que concluyen que las empresas con diversidad generacional tienen menos rotación y registran una mayor productividad.

Pero, por encima de todo, la apuesta debe ser impulsar la adopción de nuevas habilidades, las que va a requerir el avance de la tecnología en general y, en particular, aquella que ha supuesto la mayor revolución de los últimos tiempos: la inteligencia artificial generativa. Un nuevo tipo de inteligencia artificial que ha suscitado un gran interrogante: ¿será la IA una tecnología complementaria que facilitará el trabajo de empleados de alta cualificación o ha venido a sustituirlos y dejarles sin empleo y sueldo?

Lo cierto es que no existe aún una respuesta definitiva ni mucho menos unánime. Según El futuro del empleo 2023, informe del Foro Económico Mundial, la inteligencia artificial creará 12 millones de puestos de trabajo más de los que eliminará en todo el mundo de aquí a 2025.  Pero aproximadamente la mitad de los trabajadores “podrían verse afectados negativamente”. Concretamente, y a diferencia de lo que ha ocurrido en revoluciones tecnológicas anteriores, en esta ocasión, el mayor impacto lo sufrirán los empleos más cualificados y con salarios más altos.

La IA como motor de la economía y la sociedad

Sin embargo, y a pesar de los riesgos que, inevitablemente trae consigo, sí que existe una opinión unánime en cuanto a que la inteligencia artificial supone una oportunidad para hacer crecer y prosperar a economía y sociedad. Así lo asegura el 70% de los CEO españoles encuestados en el KPMG 2023 CEO Outlook, que sitúan a esta tecnología como una prioridad de inversión en sus organizaciones. Y también el 79% de los economistas jefe encuestados por el WEF, quienes aseguran que la IA aumentará la eficiencia de la producción, y la innovación (el 74%). Y, de cara a los próximos cinco años, el 94% de estos últimos espera que estos beneficios de productividad sean económicamente significativos.

Pero ¿qué opinan los profesionales sobre este cambio? Según el informe ‘The Future of Work’, realizado a nivel global por KPMG, el 66% de los empleados espera que la tecnología mejore su productividad en los próximos tres años. Más de un tercio afirma que las nuevas tecnologías automatizarán hasta el 30% de su trabajo, y una cuarta parte piensa que podrían automatizar hasta la mitad de su trabajo. A este respecto, se pronuncia Eva García San Luis, socia responsable de KPMG Lighthouse España, subrayando que, para que la inteligencia artificial suponga la oportunidad y avance que está llamada a ser, las compañías debemos minimizar los riesgos e implementarla de manera que la convirtamos en una tecnología centrada en el ser humano. Esto supone establecer una estrategia clara, que garantice la confianza, la transparencia y la seguridad para todos en lugar de añadir más riesgo ético.

Concretamente, en mejorar la regulación para asegurar un marco normativo que transmita esa seguridad y confiabilidad Europa ha sido pionera al alcanzar el pasado 8 de diciembre un acuerdo provisional sobre la propuesta relativa a las normas armonizadas en materia de inteligencia artificial, más conocido como ‘Reglamento de Inteligencia Artificial’. “Se trata de la primera propuesta legislativa de tipo transversal en el mundo, que ya está sirviendo de referente mundial para regular la IA en otras jurisdicciones, como ya lo hizo el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y cuyo objetivo principal es la protección de los derechos fundamentales, porque el gran riesgo al que nos expone esta tecnología es la vulneración de derechos como la igualdad, la libertad de expresión, la dignidad humana, o la protección de los datos personales, entre otros. Y, en esto, las compañías que lo implementen tienen una grandísima responsabilidad”, apunta Noemí Brito, socia en el área Mercantil. Responsable del área de Propiedad Intelectual y Nuevas Tecnologías de KPMG Abogados.

Sin duda, este Reglamento, a punto de ser aprobado tras el acuerdo alcanzado sobre el contenido del texto regulatorio el pasado mes de diciembre, supone el comienzo de unas bases de seguridad y confianza a la hora de implementar esta tecnología, especialmente en un momento en el que los riesgos relacionados con la ciberseguridad han escalado posiciones en el Top 10 de riesgos globales a corto plazo (dos años) del Global Risks Report 2024, el informe anual del WEF que analiza los principales riesgos a los que se enfrenta el mundo en la próxima década: mientras en la edición anterior el cibercrimen y la ciber inseguridad ocupaban el riesgo número 8, este año ya es el cuarto riesgo más importante.

Davos

Y, si alejamos la mirada, en el largo plazo (diez años) los claros protagonistas del mapa de riesgos serán los relacionados con el clima: los cuatro principales riesgos a nivel mundial estarán relacionados con las catástrofes medioambientales, los ecosistemas naturales o la escasez de recursos naturales, entre otros.

Una estrategia a largo plazo para el clima, la naturaleza y la energía

Es por ello que, aunque se trata de riesgos a diez años vista, las medidas deben empezar a tomarse ya y debe establecerse una hoja de ruta dirigida a proteger el clima, a cumplir con los objetivos del Acuerdo de París y a alcanzar la neutralidad en carbono para 2050. Esta hoja de ruta es la razón de ser de las Conferencias de las Naciones Unidas por el Cambio Climático (COP), celebradas anualmente para avanzar en la consecución del objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5º, tal y como establece el Acuerdo de París.

En los últimos años, los acuerdos alcanzados en las conferencias de las Partes han supuesto un avance en esta dirección, como la aprobación del fondo concebido para ayudar a hacer frente a las pérdidas y daños que el cambio climático está ocasionando, especialmente, en las economías emergentes (COP27) o el hito marcado por la COP28 al hacerse explícito por primera vez en un acuerdo de estas características la necesidad de “dejar atrás” (transition away ha sido la expresión inglesa utilizada) los combustibles fósiles “en los sistemas energéticos, de manera justa, ordenada y equitativa, acelerando la adopción de medidas en este decenio crítico, a fin de lograr el cero neto para 2050″.

Hechos que, para Ramón Pueyo, socio responsable de Sostenibilidad y Buen Gobierno de KPMG en España, “son un hito en materia de clima que deben ser impulso para todas las organizaciones, porque todas deben seguir apostando por la sostenibilidad, los aspectos sociales y de gobernanza, y hacerlo desde una perspectiva 360 en sus compañías, para que realmente se genere un impacto tangible que nos ayude a avanzar en la consecución de los objetivos marcados desde la comunidad internacional”.

Al objetivo de reducir la dependencia a los combustibles fósiles se une el de triplicar la capacidad mundial de energías renovables y “duplicar la eficiencia energética para 2030, alcanzados en la COP28, la última celebrada a finales de 2023. Esto marca una senda clara: la de acelerar la transición energética, pero no a cualquier precio. Una transición que sea ordenada, justa y equitativa, con la que se reduzca la demanda y oferta de combustibles fósiles y que promueva las inversiones en energías renovables y eficiencia energética como medidas para alcanzar el cero neto en emisiones.

Con todo ello, desde el Foro de Davos los debates se centran en las grandes cuestiones de nuestro tiempo y están marcados por un entorno de tensión innegable. Pero ante el que la mirada debe ser constructiva y de cooperación para transitar las transformaciones que nos llevarán a una economía y sociedad fortalecidas y cohesionadas.