Miguel Arias Cañete: “Nuestro objetivo a largo plazo es alcanzar la neutralidad climática en la segunda mitad del siglo”

Miguel Arias Cañete: “Nuestro objetivo a largo plazo es alcanzar la neutralidad climática en la segunda mitad del siglo”

Una reciente encuesta del Eurobarómetro señala que el 93% de los europeos cree que el cambio climático está causado por la actividad humana y el 85% está de acuerdo en que la lucha contra el cambio climático y un uso más eficiente de la energía pueden ayudar al crecimiento de la economía y, por ende a la creación de empleo. Este hecho, unido a que la Unión Europea es responsable del 10% del total de gases de efecto invernadero que se lanzan a la atmósfera, ha hecho que la Comisión Europea esté siendo muy activa en este asunto que es crucial para el futuro del planeta y, de hecho, aprobó hace unos días una propuesta para que Europa sea neutra climáticamente de aquí a 2050.

 

Miguel Arias Cañete, comisario europeo de Acción por el Clima y Energía, ha asegurado en una entrevista con KPMG Tendencias que “este ambicioso marco normativo acerca a la Unión Europea al cumplimiento de sus compromisos en el Acuerdo de París. El objetivo de que al menos el 32% del consumo total de energía en Europa sea de origen renovable en el año 2030 nos permitirá alcanzar los ambiciosos objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en la Unión Europea para 2030 de al menos un 40% con respecto al año 1990. Nuestro objetivo a largo plazo es alcanzar la neutralidad climática en la segunda mitad del siglo. Ahora el siguiente paso es que cada país presente su Plan Nacional de Energía y Clima (PNEC), la Comisión lo estudiará y formulará sus recomendaciones para velar porque se cumplan sus objetivos”.

En todo este ambicioso plan juega un papel fundamental la eficiencia energética. “El combustible más eficiente es el que no se utiliza. Nuestra política de eficiencia energética ya está teniendo impacto visible gracias a los requisitos de rendimiento energético mínimo de los edificios nuevos o renovados y la obligación de ahorro energético anual del 1,5% a la que están sujetos los distribuidores de energía y las empresas minoristas de venta de energía, o medidas alternativas como las auditorías energéticas obligatorias para grandes empresas, y la obligación de renovar los edificios pertenecientes a la Administración central. El diseño ecológico y el etiquetado energético constituyen otra herramienta clave en la política que reducirá nuestro consumo de energía primaria en 154 millones de toneladas equivalentes de petróleo para 2020, cantidad que equivale a un ahorro por hogar de aproximadamente 500 euros. No hay que olvidar que los edificios suponen el 40% del consumo energético de la Unión Europea y el 36% de las emisiones de gases de efecto invernadero y, al final, son los Estados los que tienen potestad para decidir qué medidas considera necesarias siempre y cuando logren los objetivos europeos, claro”.

Movilidad descarbonizada

Una de las cuestiones intrínsecamente relacionadas con todo este debate de la descarbonización de Europa es el de la movilidad, y el necesario avance de los coches eléctricos para conseguir los ambiciosos objetivos de reducción de emisiones. En este aspecto Arias Cañete cree que “la clave para alcanzar nuestros objetivos energéticos y, a más largo plazo, climáticos reside en la transición hacia la movilidad con bajas emisiones. La transición ya ha comenzado, pero en la próxima década tendrá que acelerar el ritmo. El reto de la movilidad sostenible es un problema global que comparte un número creciente de países y ciudades en el mundo. La propuesta de un nuevo reglamento que fije nuevas normas sobre CO2 en coches y furgonetas más allá del horizonte del 2020, actualmente en fase de negociación con el Parlamento Europeo y el Consejo, necesitará de un importante incremento en vehículos de emisiones bajas o nulas. Más allá de la legislación, se necesitan una serie de medidas que permitan la proliferación de vehículos eléctricos o de otro tipo de cero emisiones, así como la disponibilidad de infraestructuras para la recarga y de almacenaje/baterías a precios competitivos”.

Otro de los elementos que planean sobre este tema es el mercado de emisiones de CO2 a la atmósfera (ETS en sus siglas en inglés), y su anunciada reforma que ha traído consigo un aumento significativo en el precio de los derechos de emisión. El comisario considera en relación con este asunto que “es cierto que los precios se han incrementado en el último año fruto de la reforma que reduce la cantidad global de derechos de emisión que se expedirán hasta 2030. La cuestión de fondo es que un precio de carbono más alto no sólo es un factor de coste para los emisores, sino que también debe ser un incentivo para generar menos emisiones y comenzar a invertir en formas innovadoras de producir electricidad y bienes industriales que generen menos emisiones de carbono”.

Y, llegados a este punto, una de las preguntas que surgen es sobre el papel que jugará la energía solar en el futuro mix energético europeo, que Arias Cañete no duda en calificar de “brillante y prometedor. En 2017 la producción anual de módulos fotovoltaicos alcanzó casi los 100 GW a nivel mundial, y el descenso continuado de costes de la energía solar fotovoltaica – descenso que desde 2009 supera ya el 70% – la convierte en una de las soluciones más atractivas para la generación de electricidad en todo el mundo. Tenemos un ambicioso objetivo vinculante de al menos un 32%, lo que supondrá un importante factor de crecimiento para el mercado europeo de energía solar fotovoltaica. Para que la industria europea sea competitiva, se necesita un mercado interior boyante, a lo que ayudará sin duda la certeza acerca de los planes de apoyo a la electricidad fruto de la Directiva aprobada de Energías Renovables, que garantiza que los productores respondan a las señales de precio del mercado y maximicen sus ingresos. Además, habiéndose alcanzado este año precios históricos para los proyectos de energía solar fotovoltaica en Francia, Alemania y Países Bajos estoy convencido de que esta energía seguirá siendo una de las tecnologías más competitivas en el mercado europeo. También ayudará a este sector que la Directiva incluye la prohibición de hacer cambios retroactivos en la regulación y el fomento del autoconsumo distribuido, lo que supondrá que un hogar con módulos de energía solar fotovoltaica en el tejado ahora puede generar, almacenar, autoconsumir y también vender”.

Energía eólica, cuestión nacional

En la misma línea de la solar se encuentra la energía eólica, con un futuro esplendoroso por delante pero plagado también de incertidumbres. “Corresponde a los Estados miembros especificar en sus planes nacionales el papel que debe desempeñar la energía eólica en su mix energético. La Comisión Europea cree que las iniciativas que involucran a nivel local a la ciudadanía en el desarrollo de la energía eólica, por ejemplo a través de las comunidades, promoverán su aceptación general”, comenta el Comisario. En relación con la eólica marina Arias Cañete cree que “se trata de proporcionar un marco adecuado para la inversión, la investigación y el desarrollo, la cooperación regional y la implantación”.

Y, como no podía ser de otra manera, el futuro de la energía nuclear en Europa también forma parte de la cartera de asuntos de los que se ocupa Arias Cañete: “la Comisión Europea es consciente del papel que juega la nuclear en el mix energético y reconoce su potencial contribución para alcanzar los objetivos de descarbonización en aquellos países que desean usar la energía nuclear como fuente principal de generación eléctrica aunque, en todo caso, la decisión de utilizar o no energía nuclear y en qué medida depende de cada Estado miembro. En cualquier caso, toda decisión de extender la vida útil de una central nuclear deberá basarse en el cumplimiento de las normas más estrictas de seguridad, la gestión de residuos y la no proliferación, así como la diversificación del suministro de combustible nuclear, y siempre aplicando el marco legal reforzado en materia de seguridad nuclear, protección contra la radiación y gestión del combustible gastado y residuos radioactivos que la Unión Europea ha adoptado desde que se produjo el accidente de Fukushima”.

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