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Las rarezas del Compliance

Las rarezas del Compliance

Facebook superó en Enero de 2018 los 2000 millones de usuarios. Si esta plataforma fuera un Estado, sería el más poblado del planeta, superando con mucho la demografía de China e India que no alcanza los 1.400 millones de habitantes. Bajo esta óptica, las políticas de utilización de Facebook y las prácticas asociadas con ellas conciernen a la mayor comunidad de sujetos del mundo. Es curioso que las entidades con capacidad de afectar a los derechos y obligaciones de tantas personas no sean Estados ni plataformas de Estados. La irrupción en escena de organizaciones dotadas de tal potencial requiere de una gestión ética exquisita, donde un desliz se paga muy caro: en una sola semana, Facebook perdía en Bolsa 50.000 millones de dólares tras sufrir el escándalo de la fuga masiva de datos.

Tampoco proceden de los Estados algunas normas que rigen nuestra vida económica. Fijémonos, por ejemplo, en la supervisión bancaria. El Basel Committee on Banking Supervision (BCBS), conocido generalmente como “Comité de Basilea” [Link 5] es una organización mundial que reúne a las autoridades nacionales de supervisión bancaria de diferentes países. Aunque no tiene cedidas capacidades legislativas y, por lo tanto, no puede emitir normas vinculantes, sus recomendaciones y estándares gozan de un indiscutible reconocimiento a nivel de los Estados y de los propios bancos. Su legitimidad no es jurídica sino técnica y, por eso, a ningún Estado o Banco se le ocurre ignorar sus directrices, por el riesgo de pérdida de credibilidad que eso entraña. La confianza en los sistemas financieros y sus bancos se fundamenta, en buena medida, sobre recomendaciones y prácticas que no tienen carácer jurídico (no proceden de Estados ni plataformas con capacidad legislativa cedida ni tampoco pueden exigirse coercitivamente) sino técnico, siendo un fenómeno que también se observa en otros muchos ámbitos.

Ahora que ya sabemos que un volumen creciente de normas que cohesionan la confianza en la actividad económica y social no son Hard Law (Leyes cuyo cumplimiento viene exigido por las autoridades) sino Soft Law (normas asumidas voluntariamente), hay que saber que las consecuencias de su transgresión pueden ser peores que los incumplimientos de las leyes tradicionales. Cuando una organización no es capaz de transmitir confianza al resto de operadores, corre el riesgo de provocar rechazo y auto-excluirse del mercado. Una de las mayores fortunas de los Estados Unidos, Warren Buffet, manifestó que llevaba 20 años construir una buena reputación y cinco minutos arruinarla. Con ello invita a la reflexión antes de adoptar una decisión, subrayando la importancia de actuar con integridad.

En el ámbito del soborno, por ejemplo, todos conocemos casos que han afectado a grandes organizaciones y cuyo nombre quedará unido al mal ejemplo. Nadie quiere ver su prestigio asociado con ellas y, por eso, en ocasiones han debido invertir ingentes sumas para revertir esa percepción, incluyendo, por qué no decirlo, costosas campañas de mejora de imagen.

Suele decirse que los incidentes de Compliance son “killers”, es decir, susceptibles de terminar con la organización que los sufre. Este efecto proviene de su capacidad de provocar repudio, circunstancia que ninguna organización puede permitirse, sea debido a su propia conducta o por frecuentar amistades peligrosas. Cualquier atisbo de irregularidad ética o de cumplimiento puede desencadenar una crisis de confianza y, por ello, las empresas huyen de tales escenarios como si fueran serpiente de cascabel.

Este contexto explica la pujanza que la función de Compliance está observando en la comunidad internacional, dando lugar a nuevas necesidades laborales y brindando oportunidades de desarrollo profesional a perfiles comprometidos con una gestión responsable. En el documento publicado este mes dentro de la Serie Compliance avanzado trato, precisamente, diferentes opciones de carrera profesional relacionadas con el Compliance. Son las posiciones que ocuparán personas llamadas a desempeñar un rol clave en el desarrollo de actividades económicas y sociales de manera responsable.

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Alain Casanovas

Socio responsable de Cumplimento Legal. Especialista en modelos de cumplimiento y prevención penal, Alain es socio de KPMG Abogados desde 2000. y además de encargarse de la gestión del riesgo de servicios legales en España, participa en iniciativas de normalización nacional e internacional sobre Compliance y dirige varios postgrados universitarios sobre esta materia.
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