Cinco preguntas (y respuestas) para entender el impacto del conflicto de Irán en las empresas

El conflicto abierto en Irán, tras el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel al régimen de Teherán, supone una nueva fuente de incertidumbre y volatilidad en un contexto geopolítico ya de por sí complicado. Si bien es cierto que la intensidad de su impacto vendrá determinada por la duración y magnitud de los enfrentamientos, sus efectos en los mercados energéticos y bursátiles ya están siendo significativos.

En el caso de España, a los riesgos relacionados con el suministro y los precios de la energía o la posible escalada inflacionaria, se podrían sumar otros de carácter comercial, ante las amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por la negativa del Gobierno español a que el ejército norteamericano use las bases de Morón y Rota (en el sur de la península ibérica) en esta acción.

¿Cómo puede afectar el conflicto a los precios de la energía?

El conflicto está generando una disrupción profunda en los mercados energéticos por dos razones principales: el cierre del estrecho de Ormuz, por donde circula el 20% del petróleo y el 20% del gas natural licuado que se transporta por vía marítima; y los ataques iraníes a las refinerías y plantas de producción de gas licuado del Golfo Pérsico.

Mientras se prolongue el bloqueo en el estrecho de Ormuz durante dos o tres semanas, es previsible que el precio del barril de Brent, el de referencia en el mercado europeo, se mantenga en una horquilla de entre 75-85 dólares por barril. No obstante, de prolongarse las hostilidades y ataques contra las instalaciones de refino u otras infraestructuras energéticas (incluyendo también las iraníes), podría dispararse el precio hasta los 100 dólares por barril, según los cálculos de Eurasia.

En lo que respecta al gas, Goldman Sachs ha calculado que los precios del gas en Europa podrían incrementarse hasta un 130% por el bloqueo del estrecho de Ormuz. A ello se suma el paro en la producción de gas licuado anunciado por Catar por los ataques recibidos en dos de sus instalaciones, que tensa aún más la competencia entre compradores asiáticos y europeos.

“El impacto en la producción y en las rutas de transporte que impulsa el encarecimiento del gas también repercute directamente en el precio de la electricidad, especialmente en mercados marginalistas como el español, muy sensible a este tipo de shocks”, afirma Eduardo González, socio responsable de Energía de KPMG en España. Además, los reducidos niveles de almacenamiento de gas tras el invierno pueden intensificar el impacto en los precios eléctricos.

¿Hay riesgo de desabastecimiento de energía?

En España, las consecuencias del conflicto en los mercados de energía se dejarán sentir más en el precio de la energía que en el volumen.

En el caso del petróleo, España mantiene un mix diversificado, en el que alrededor del 10,6% del crudo procede de Oriente Medio, mientras que Estados Unidos, Brasil y México son los principales aportadores, con una cuota conjunta que supera el 41%. Esta realidad aleja los temores a una escasez inmediata, pero no de un alza significativa de los precios como se comentaba antes.

Algo similar ocurre en el mercado del gas: solo el 2,6% del gas natural licuado importado por España procede de Oriente Medio. Argelia y Estados Unidos son los principales suministradores. No obstante, no hay que olvidar que el mercado del gas natural licuado es global, por lo que la competencia por los cargamentos aumentará.

Todo ello, además, se produce en un contexto en el que la UE prohibirá la importación de gas natural ruso, tanto por gasoducto como en forma de GNL, a partir de 2027. Los contratos de GNL a largo plazo firmados antes del 17 de junio de 2025 quedarán vetados desde el 1 de enero de 2027, y los de gas por gasoducto desde el 30 de septiembre de ese mismo año, con un régimen transitorio y requisitos de autorización previa para los acuerdos vigentes. En el caso español, las importaciones de gas ruso han pasado de representar el 21,3% del total en 2024 al 11,5% en 2025. La UE tendría que acelerar sus planes para diversificar la procedencia del suministro si bien es previsible que, de nuevo, el GNL americano será la alternativa.

Para Jorge Solaun, socio responsable de Energía e Infraestructuras en Strategy & Value Creation de KPMG en España, “la volatilidad geopolítica y de los precios de la energía introducen incertidumbre en la evaluación de propuestas de inversión”. Y añade: “El mercado ya está retrasando aprobaciones finales de proyectos energéticos y de infraestructuras, hasta tener mejor visibilidad sobre el escenario futuro de precios”.

¿Hay riesgo de un alza de los precios generales?

En una entrevista con el Financial Times, en la primera semana de conflicto, el economista jefe del Banco Central Europeo, Philip Lane, advirtió del riesgo de escalada inflacionaria por la presión de los precios de la energía, si bien vinculó esta posibilidad a un conflicto prolongado y a la interrupción de los suministros de energía.

Por tanto, todavía es pronto para asegurar que este conflicto tendrá un impacto similar al generado por la guerra en Ucrania, iniciada en 2022, que produjo repuntes de la inflación de doble dígito y obligó a los bancos centrales a endurecer sus políticas monetarias.

No obstante, Lane afirma que el Banco Central Europeo (BCE) permanecerá atento a los acontecimientos. Y lo mismo deben hacer las empresas. «Este conflicto es un buen ejemplo de la preocupación del BCE por los potenciales impactos de episodios de tensión geopolítica en la economía y el comercio mundial, y por extensión, en el sistema bancario. Es importante recordar que este episodio de tensión armada en Oriente Medio coincide en el tiempo con el ejercicio de estrés de riesgo geopolítico que el BCE ha requerido a los bancos de la Eurozona», explica Francisco Pérez Bermejo, socio responsable del Sector Financiero de KPMG en España.

¿Qué sectores pueden verse más afectados por la incertidumbre generada por el conflicto?

De momento, el conflicto está teniendo un efecto directo en el mercado energético. El alza de los precios suele trasladarse rápidamente al resto de los sectores económicos, especialmente a aquellos que son intensivos en el consumo de energía, como la metalurgia, la industria química o el sector alimentario.

El actual repunte puede agravar la situación de aquellas actividades que se vieron más afectadas por el shock energético que produjo la invasión rusa de Ucrania y del que no se han llegado a recuperar totalmente, como es el caso de la industria.

Te ayudamos a comprender las implicaciones energéticas de un entorno global cada vez más incierto

El transporte asume un triple impacto: el precio de los combustibles, pero también una posible reducción de la demanda, ante un escenario global más incierto, así como un incremento significativo de las primas de seguros. La cancelación de miles de vuelos en la última semana por las acciones de Irán en los países del Golfo Pérsico, que se han consolidado como un hub de transporte aéreo en la última década, demuestra la sensibilidad del sector a este tipo de factores. La escalada bélica también  está golpeando de lleno al transporte marítimo internacional, obligando a las navieras a alterar rutas, asumir sobrecostes y replantear operaciones para salvaguardar tripulaciones y activos.

El posible repunte de la inflación podría afectar también al consumo, especialmente al más discrecional, ante una reducción del poder adquisitivo de los ciudadanos.

Otro sector sensible a la incertidumbre internacional es la banca. Ya el año pasado el BCE había indicado que los riesgos geopolíticos serían una prioridad supervisora y en diciembre anunció que realizaría una evaluación de la gestión del riesgo geopolítico a 110 entidades supervisadas.

En esta situación, las empresas pueden verse en la necesidad de anticiparse ante eventuales incumplimientos contractuales. “Lo más importante en este ámbito en primer lugar es realizar una revisión inmediata de los seguros de la empresa (especialmente sobre bienes y activos en tránsito en la medida en que puedan estar cerca de las zonas afectadas) y, en general del mapa contractual de la empresa y especialmente cláusulas de fuerza mayor, de resolución anticipada y penalizaciones, así como determinar la jurisdicción que aplica”, explica Luis Fernández, socio responsable del área legal de Financiación de Proyectos y del área Mercantil de KPMG Abogados en Madrid.

¿Las amenazas de Trump a España pueden convertirse en realidad?

La actual administración estadounidense ha hecho de los aranceles una herramienta coercitiva en sus relaciones internacionales. Sin embargo, la respuesta de los mercados y las resoluciones judiciales, entre otros factores, han provocado cambios continuos en la política comercial norteamericana. El último fue anunciado hace apenas unas semanas, después de que el Tribunal Supremo de Estados Unidos declarase ilegales los aranceles impuestos bajo la Ley de Emergencia Económica: un arancel global del 15%, que podría entrar en vigor en los próximos días según anunció el propio Trump el pasado 4 de marzo. Esto supondría peores condiciones para la UE que las pactadas en el acuerdo de junio de 2025.

En lo que respecta a las amenazas de Trump sobre cortar todo vínculo comercial con España, las posibilidades de que se implementen son escasas. Por un lado, las relaciones comerciales son competencia de la UE y tanto la Comisión como el presidente del Consejo Europeo ya han trasladado que el bloque comunitario garantizará los intereses de sus Estados Miembros. Por otro, España es un caso particular en la UE en lo que se refiere a las relaciones comerciales con Estados Unidos: al contrario que otras grandes economías de la UE, como Alemania o Francia, su saldo comercial con el gigante norteamericano es negativo: el déficit rozó los 13.500 millones de euros en 2025.

Además, en términos generales Estados Unidos no es un socio comercial preferente para España: las exportaciones españolas a este país apenas superan el 4%. No obstante, hay sectores con mayor exposición, como el agroalimentario o el de fabricación de electrodomésticos y maquinaria, y en los últimos años el interés por ganar cuota en ese mercado por parte de las empresas españolas se ha incrementado.

“La realidad es que España y la UE ya enfrentan un cambio de escenario en sus relaciones comerciales con Estados Unidos y las empresas tendrán que emplear todos los instrumentos a su alcance, ya sean fiscales, contractuales y operativos, para evaluar y reducir el impacto”, comenta José Blanco, socio responsable del área de Aduanas e Impuestos Especiales de KPMG Abogados.

En definitiva, el conflicto de Irán abre un escenario marcado por tensiones geopolíticas, un mercado energético más volátil y un creciente riesgo de repunte inflacionario. En este entorno, resulta imprescindible que las empresas revisen sus mapas de riesgo y refuercen sus mecanismos de resiliencia operativa.