Los bancos se ponen al día. Las entidades financieras están modernizando sus sistemas de pagos para mejorar la seguridad y la transparencia, reemplazar los sistemas heredados, satisfacer las crecientes expectativas de los clientes y cumplir con los cambios regulatorios. El progreso entre los diversos actores del mercado, sin embargo, es desigual. Las organizaciones líderes —con ingresos superiores a 10.000 millones de dólares, como los neobancos (100% digitales) o las plataformas de e-commerce en retail— están avanzando con tecnologías y arquitecturas más disruptivas que las de las firmas más pequeñas.
Lo que es un hecho es que el sector, en su conjunto, está desembolsando grandes cantidades de dinero para impulsar el futuro de los pagos. En promedio, las instituciones han gastado unos 96,9 millones de dólares en modernización en 2025, con los bancos de servicio completo y corporativos invirtiendo más de 150 millones de dólares, según el informe Partnering for payment modernization de KPMG, que recoge la visión de 1.000 directivos del sector bancario y retail a escala global.
A pesar de esta brecha de inversión, una proporción claramente mayoritaria de los entrevistados (un 72%) indica que el principal beneficio de modernizar su infraestructura de pago es mejorar la experiencia del cliente.
“La presión viene de consumidores que buscan experiencias más rápidas, simples y seguras, así como de la aparición de nuevos modelos comerciales y actores digitales que están redefiniendo las expectativas”, afirma Álvaro Casado, socio de FS Consulting Strategy y responsable de Virtual Assets y Blockchain de KPMG en España.
Para responder, las entidades deben renovar su infraestructura no solo para mejorar la eficiencia, sino también para soportar nuevos servicios y journeys (viajes del usuario) más fluidos, dado que los sistemas heredados ya no son capaces de seguir el ritmo de los nuevos métodos de pago y de la demanda de inmediatez, indica Álvaro Casado.
Las entidades financieras están incorporando inteligencia artificial, tecnologías basadas en blockchain y en activos digitales, la tokenización del dinero, infraestructuras cloud-native, plataformas de pagos en tiempo real y APIs abiertas para crear sistemas más rápidos, seguros y personalizados.
La adopción de estas innovaciones está transformando los pagos en procesos automatizados, seguros e interconectados en tiempo real. Por ejemplo, las organizaciones que utilizan arquitecturas cloud‑native (software diseñado por y para la nube) les permiten actualizar sus sistemas con mayor rapidez, integrar nuevos métodos de pago y conectar mejor con sus socios tecnológicos.
A ello se suma la adopción del estándar ISO 20022 —un lenguaje universal de mensajería financiera que permite intercambiar datos de pagos con mayor precisión—, lo que mejora la conciliación, la trazabilidad y la detección de fraudes. Pero si algo está ganando terreno, es la inteligencia artificial. Su versión agéntica (con autonomía para razonar, planificar y ejecutar tareas complejas de principio a fin sin supervisión constante) está haciendo mella.
“Los agentes de IA empiezan a interpretar la intención del usuario, comparar opciones y ejecutar pagos dentro de mandatos definidos y supervisados por la entidad”, afirma Javier González Perandones, socio de Transformación y Tecnología de FS Consulting KPMG en España. Este modelo, añade Javier González, obliga a elevar el listón en seguridad, antifraude, trazabilidad y control del mandato, incorporando autenticación avanzada (biometría), tokenización, auditoría continua y modelos de autonomía supervisada. “Para los bancos, esto no es solo IA, sino una redefinición del stack de pagos”.
Las nuevas soluciones financieras se desarrollan mediante la colaboración abierta entre bancos, empresas de tecnología financiera (fintech), firmas de monederos digitales (wallets), comercios electrónicos y otras plataformas. La innovación financiera actual sustituye los sistemas aislados por un ecosistema colaborativo de microservicios (componentes de software independientes) y APIs (sus conectores de comunicación), donde el liderazgo pertenece a quien garantiza la confianza, la seguridad y la identidad digital.
Este avance no es opcional. El nuevo marco regulatorio (PSD3, AI Act, DORA) actúa como un motor que obliga a las entidades a adoptar tecnologías de tokenización y trazabilidad para habilitar pagos autónomos y seguros.
El proceso de pago sigue siendo un obstáculo crítico, ya que la dependencia de sistemas obsoletos y fragmentados genera flujos de trabajo inconsistentes que erosionan la confianza del usuario y frenan la conversión. “Las empresas líderes están eliminando estas fricciones rediseñando el pago como un momento de confianza y diferenciación de marca”, comenta Enrique Porta, socio responsable de Consumo y Retail de KPMG en España.
Para acelerarlo, están estandarizando APIs, habilitando pagos en un solo clic y pagos tokenizados, integrando la detección de fraude en tiempo real, adoptando la autenticación biométrica y la basada en monedero virtual, y proporcionando comisiones claras y transparentes, reembolsos más rápidos y experiencias omnicanales fluidas. Estas iniciativas permiten convertir el momento del pago en una interacción fluida, segura y centrada en el cliente, lo que fortalece la fidelidad e impulsa la conversión, resalta Enrique Porta.
Dicho cambio ya está generando claras ventajas competitivas para los retailers al aumentar las tasas de conversión y aprobación, reducir el abandono de carrito, incrementar la fidelidad y desbloquear eficiencias operativas gracias a un procesamiento más rápido, datos más ricos y menores niveles de fraude. El mundo cambia a un ritmo sin precedentes. Así que modernizar los pagos implica reconfigurar el modelo de negocio para competir en un ecosistema más dinámico y colaborativo, donde el cliente marca la agenda.
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