El mercado del capital riesgo en España ha demostrado, una vez más, su fortaleza y resiliencia. Ha sido capaz de adaptarse a un contexto global de incertidumbre y ha sobrevivido a los desafíos geopolíticos que marcan la escena económica actual. Así lo muestran los datos: según el informe Iberian Market Annual Report 2025 de TTR Data, en 2025 se registraron en España 3.336 transacciones por un valor conjunto de 103.085 millones de euros. El cierre de 2025 muestra un mercado de M&A más concentrado: pese a registrar un número de transacciones por debajo del año anterior, el volumen agregado fue superior. Además, el repunte del último trimestre resultó determinante para revertir la tendencia y sostener el balance anual.
Y es que, a medida que la actividad en M&A deja atrás la indecisión, el ritmo de cierres vuelve paulatinamente a las cifras habituales. Este clima es producto de la capacidad de los inversores para superar la incertidumbre económica y geopolítica global. Así lo explica Noelle Cajigas, socia responsable de Deal Advisory de KPMG en España: “El ruido y la incertidumbre en múltiples planos condicionaron el año pasado y frenaron el M&A salvo en ciertos segmentos del mercado. No obstante, el dinamismo de los inversores profesionales, el volumen de capital disponible y la efervescencia de muchos sectores han derivado en señales de reactivación. De hecho, vemos a diario no solo nuevos proyectos, sino la reanudación de otros que habían estado en pausa. Confiamos en que los niveles de actividad observados en los últimos meses se mantengan a lo largo de 2026 y que, por estas mismas fechas el próximo año, podamos celebrar un gran ejercicio”.
Este contexto señala una capacidad de adaptación ante retos que, si bien son significativos, no han paralizado la actividad económica. Las proyecciones de crecimiento para España se han revisado al alza, lo que sugiere que, pese a la presión externa, la economía local está mostrando signos de robustez.
Y en este contexto de inversión, el sector de la Tecnología y la Defensa han cobrado un protagonismo notable como valores refugio. Esta tendencia subraya no solo su relevancia, sino también su potencial como motores de crecimiento en un entorno geopolítico en constante cambio. La digitalización y la modernización de los procesos de defensa se presentan como sectores claves donde el capital riesgo puede jugar un papel decisivo, impulsando el desarrollo y la innovación de soluciones avanzadas que se alinean con las necesidades emergentes del mercado. La atención hacia estos dominios refleja un interés creciente por parte de los inversores en capitalizar oportunidades que responden a los desafíos actuales y futuros.
También como consecuencia del panorama actual en el mercado financiero, las gestoras de Private Equity deben adaptarse a nuevas realidades que exigen flexibilidad, proactividad y diversificación. Así, como explica José Gonzalez-Aller, socio responsable de Private Equity de KPMG en España, “la volatilidad también ha repercutido sobre las estrategias de inversión. Por ello, la capacidad de adaptarse rápidamente a las condiciones del mercado se ha vuelto crucial, dando paso a una preferencia por la originación propia de deals y un enfoque estratégico en la diversificación de inversiones. Además, la incorporación de nuevos socios en las gestoras refleja una tendencia hacia la colaboración y el fortalecimiento de capacidades, lo que permite enfrentar la intensa competencia del sector”.
En este sentido, la flexibilidad se presenta no solo como la capacidad de asumir más riesgos, sino como una herramienta para gestionar dichos riesgos de manera efectiva. Las gestoras que implementan un enfoque flexible pueden explorar una gama más amplia de oportunidades de inversión, lo que les permite reaccionar rápidamente ante cambios en el entorno financiero.
Otro tema fundamental es la tendencia hacia la originación propia de negocios. Este enfoque estratégico permite a las gestoras construir relaciones sólidas y de largo plazo con los propietarios de las empresas, lo que les da una ventaja en la obtención de oportunidades. “Al anticiparse a las transacciones y desarrollar un entendimiento profundo del sector, se incrementan las posibilidades de éxito y se reduce la incertidumbre asociada con procesos de subasta más tradicionales”, subraya José González-Aller.
Por otro lado, la diversificación a través de fondos de continuación y minoritarios se presenta como una clave para adaptarse al entorno actual. Esta estrategia permite a las gestoras maximizar el valor de los activos existentes y mantener un crecimiento sostenido. Por último, la incorporación de nuevos socios puede aportar fresh capital, conocimientos y conexiones que son fundamentales para el crecimiento y la innovación en el ámbito del Private Equity.
Estas dinámicas no solo están redefiniendo el sector, sino que lo posicionan como un actor clave en la búsqueda de oportunidades sostenibles y rentables en un entorno cada vez más complejo.
El mercado del capital riesgo está viviendo un nuevo capítulo en el que la financiación a través de deuda adquiere mayor relevancia. En un contexto de creciente liquidez y un robusto apetito por financiar operaciones, el regreso de la deuda al centro del escenario es evidente.
En palabras de Ovidio Turrado, socio responsable de Funding Advisory de KPMG en España, “la deuda es un elemento fundamental en las estrategias de Private Equity, ya que permite optimizar la asignación de capital y mejorar el retorno de la inversión”. Este retorno al uso de la deuda refleja no solo su importancia como herramienta de financiación, sino también la necesidad de que los actores del mercado se adapten a nuevas realidades económicas.
Por otro lado, la colaboración entre bancos y direct lenders está transformando la manera en que se estructuran las operaciones: cada vez más, los fondos y las entidades financieras están uniendo fuerzas para cerrar deals sin asumir todo el capital necesario. “Cuando se requiere algo especial, un mayor apalancamiento o flexibilidad de covenants, es evidente que son operaciones para fondos”, destaca Ovidio Turrado, lo que indica una creciente colaboración en este ámbito. Este modelo de coinversión permite a los actores del capital riesgo gestionar el riesgo de manera más eficaz, ajustando sus tesis de inversión a un marco donde el coste del dinero se convierte en un factor decisivo.
En este sentido, los inversores están priorizando compañías con sólidos flujos de caja y un perfil de riesgo favorable. Y es que, en el mundo de la deuda, la selectividad es crítica, por lo que resulta fundamental evaluar cuidadosamente las oportunidades de inversión en este entorno.
En paralelo, hay un segmento que está atrayendo todas las miradas. El mid-market español está proyectando un dinamismo notable frente a los large caps, impulsado por su mayor potencial de crecimiento, flexibilidad y presencia en sectores innovadores. Este segmento ha aumentado su peso en los últimos años, pasando del 25% al 42% de las transacciones en el mercado. Este crecimiento se debe, en parte, a las características únicas de las pequeñas y medianas empresas familiares, que son más receptivas a la participación de inversores financieros. A diferencia de las grandes corporaciones que, a menudo, están sometidas a valoraciones que limitan su capacidad de adaptación, el mid-market ofrece una mayor oportunidad para construir relaciones sólidas y colaborativas con los propietarios de las empresas.
Las estrategias de inversión en el mid-market son diversas y se enfocan en la profesionalización de las empresas, permitiendo un equilibrio entre riesgos y retornos. Tal y como subraya Ignacio Martínez, socio de Corporate Finance M&A de KPMG en España “el mid-market permite estructurar operaciones de manera más flexible”. Esta flexibilidad se traduce en la capacidad de encontrar soluciones de inversión adhoc para cada compañía. “La combinación de crecimiento orgánico y adquisiciones respaldadas por un socio financiero puede dar lugar a un círculo virtuoso donde las compañías no solo se desarrollan, sino que también aumentan su atractivo para futuros compradores”, explica Ignacio Martínez.
Asimismo, la llegada de nuevos players al mercado, como family offices y grandes fondos, está enriqueciendo el panorama de inversión. Estos actores, junto a los fondos nacionales que ya estaban presentes, aportan nuevos capitales y enfoques, fomentando una competencia saludable que impulsa el dinamismo del sector.
Por último, en el actual entorno de incertidumbre económica y financiera, las gestoras están adoptando un enfoque más colaborativo con sus empresas participadas, centrándose en la generación de valor a largo plazo. La estrategia de crecimiento inorgánico a través de adquisiciones complementarias (add-ons) se está consolidando como una de las fórmulas más efectivas para fortalecer el rendimiento de estas empresas.
A ese respecto, Jorge Sainz, socio de Strategy & Value Creation y responsable de Industria, Defensa y Automoción de KPMG en España, apunta que «el crecimiento inorgánico, a través de adquisiciones complementarias, no solo amplía el potencial de nuestras participadas, sino que también refleja nuestro compromiso de trabajar codo a codo con ellas para maximizar el valor y garantizar un futuro sostenible.»
Esta ruta no solo permite a las participadas acceder a nuevas capacidades y mercados, sino que también fomenta una mayor vinculación y apoyo por parte de los equipos de las gestoras, lo que resulta en una implementación más eficiente de las operaciones. Además, la financiación basada en el valor neto (NAV) se ha vuelto especialmente competitiva, ofreciendo condiciones más atractivas que facilitan estas transacciones estratégicas.
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