Goran Mazar, EMA Head of Clients & Markets y EMA Head of ESG de KPMG: “Europa tiene una capacidad comercial única y debe emplearla de forma inteligente, defendiendo los intereses de sus empresas”

La principal razón por la que las empresas constituyen motores de generación de prosperidad para la sociedad es su capacidad de adaptación. Esta habilidad ha adquirido especial relevancia en los últimos años, ya que han surgido nuevos factores tanto endógenos como exógenos que afectan profundamente a su operativa y procesos. La irrupción de la inteligencia artificial generativa, la configuración de un nuevo orden internacional y su impacto en el comercio global o en el papel de Europa en el mundo, o las visiones alternativas en torno a la sostenibilidad y los asuntos ESG obligan a replantear estrategias y objetivos. Goran Mazar, EMA Head of Clients & Markets y EMA Head of ESG de KPMG, compartió con Fernando Cuñado, socio responsable de Mercados de KPMG en España, su visión sobre estos retos.

Pregunta. Estamos asistiendo a una reconfiguración del orden mundial, en el que parece que avanzamos hacia un mayor regionalismo y proteccionismo. En este nuevo marco, la Unión Europea tiene que encontrar su sitio. Y comienza a dar pasos firmes para avanzar en su autonomía estratégica. ¿Cuáles son las claves para que este proceso no sea solo un compromiso sino una auténtica transformación?

Respuesta. Para encontrar su nuevo papel, la Unión Europea debe apostar por varios factores clave. En primer lugar, es fundamental asumir que no existe una única verdad sobre el futuro y por ello es fundamental trabajar con escenarios. Y para ello, la soberanía tecnológica es esencial, especialmente en el ámbito de los centros de datos. Europa debe invertir en centros de datos propios y garantizar la protección y soberanía de los datos en su territorio.

También es fundamental garantizar el acceso a una energía asequible y sostenible con el objetivo de mantener la competitividad de nuestra industria. Pensemos, además, que la implementación de la inteligencia artificial conlleva un incremento notable de la demanda de energía. Va a ser necesario invertir de forma decidida en el desarrollo de energías limpias y renovables, pero también tener una mentalidad abierta sobre la aplicación de la tecnología en estos ámbitos.

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El talento es otro de los pilares para ganar autonomía. Desde mi punto de vista, Europa está perdiendo capacidades profesionales y por ello debería poner en marcha una estrategia de formación y atracción de profesionales, incluyendo una inmigración legal y estructurada, para captar los mejores perfiles en ciencia y tecnología.

Finalmente, Europa debe diversificar sus fuentes de materias primas y avanzar hacia una economía circular, reduciendo la dependencia de importaciones y gestionando mejor los recursos críticos. Estos factores, combinados, permitirán a Europa adaptarse y fortalecer su posición en el nuevo escenario internacional.

P. En KPMG creemos firmemente que la colaboración público-privada es imprescindible para responder a los grandes retos que afrontamos como sociedad. Y desde luego, en el caso de Europa, alcanzar la autonomía estratégica es uno de ellos. ¿Qué papel deben tener las empresas en este proceso? ¿Cómo pueden contribuir a alcanzarla?

R. Hay que tener en cuenta que estamos asistiendo a una transformación de la economía global. Si antes las relaciones entre los actores venían definidas por normativas internacionales ahora vienen determinadas por acuerdos entre partes. Y en este nuevo entorno, las potencias tienen que poner en valor sus fortalezas.

Europa tiene una capacidad comercial única y debe emplearla de forma inteligente, defendiendo los intereses de sus empresas. Y en ese proceso, la regulación puede ser un factor diferencial. Aunque habitualmente se tiene una visión negativa sobre la regulación, puede ser una herramienta poderosa. Permite definir qué tipo de productos se importan y exportan o qué requisitos de calidad deben cumplir. Si la regulación responde a los intereses de las empresas, el poder de negociación de Europa en el escenario internacional se incrementa.

Por otro lado, la colaboración público-privada es fundamental para diseñar políticas que favorezcan la competitividad y la resiliencia. Las empresas pueden impulsar la innovación, especialmente en sectores como defensa, ciberseguridad y tecnologías de la información, generando efectos positivos en otros sectores a través de la transferencia de conocimiento y tecnología.

Además, deben prepararse para escenarios de crisis, como ciberataques o interrupciones en la cadena de suministro, desarrollando planes de reacción claros. Desafortunadamente aún queda mucho que hacer. Pero no podemos perder de vista que esta necesidad supone también una oportunidad para impulsar la innovación.

P. Uno de los ámbitos en los que la IA está impulsando un salto cualitativo es el de la productividad, que en Europa ha descendido significativamente en los últimos años y en España es uno de los principales puntos débiles de la economía. ¿Cuál es vuestra visión al respecto? ¿Estamos ante un cambio sustancial de modelo de trabajo y de economía gracias a esta tecnología?

R. La inteligencia artificial (IA) tiene un enorme potencial para mejorar la productividad en Europa y España, siempre que se base en datos fiables y en un ecosistema de confianza. El primer paso es asegurar la calidad y la seguridad de los datos. Y por ello la ciberseguridad desempeña un papel clave en la integración de esta tecnología, con el objetivo de que aporte valor real.

Por otro lado, tenemos que entender que, salvo contadas excepciones, los grandes players tecnológicos están en Estados Unidos o China. Y Europa no debería enfocarse en intentar alcanzarlos, sino en desarrollar sus propias capacidades. Y para ellos debería apoyarse en aquellos ámbitos en los que es competitiva. ¿Cuáles son? Los procesos industriales, la agricultura o el turismo.

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Por ejemplo, en España, la IA puede optimizar el uso del agua en la agricultura mediante drones y predicciones meteorológicas avanzadas, o personalizar la oferta turística a través de programas de fidelización inteligentes. Además, la IA puede hacer más eficientes los procesos de diseño y producción.

La clave está en combinar la innovación tecnológica con el conocimiento sectorial propio y en potenciar la colaboración entre empresas, universidades y centros de investigación. No podemos olvidar que Europa también es una potencia en formación e investigación.  Así, la IA puede ser un motor de crecimiento sostenible y diferencial para Europa.

P. Históricamente, cambios tan disruptivos como la IA han dejado ganadores y perdedores, países que han conseguidos sacar rédito y otros que se han visto lastrados. ¿Creéis que el tejido productivo europeo está preparado para sacar el máximo partido de la IA? ¿Vamos rezagados con respecto a otras geografías?

R. Las empresas europeas cuentan con una sólida base en investigación, desarrollo y liderazgo sectorial, pero enfrentan el reto de transformar esas capacidades en ventajas competitivas mediante la IA. Aunque Europa no lidera en grandes plataformas tecnológicas, sí posee fortalezas en sectores como la banca, la automoción o el de Life Sciences.

El desafío principal es integrar la IA en los procesos productivos y organizativos. Esta tecnología ha desencadenado una nueva revolución industrial y tenemos que reflexionar sobre cómo los seres humanos van a interactuar con los agentes de IA. Esto va a requerir una profunda transformación interna: adaptación de sistemas, formación y reasignación de talento, y cambios en la estructura organizativa. Es un proceso complejo, comparable a la integración tras una fusión empresarial, donde el verdadero trabajo comienza después de definir la estrategia.

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P. De acuerdo con la última edición del informe KPMG CEO Outlook, el 82% de los CEO españoles confía en alcanzar sus objetivos de emisiones netas cero para 2030, pero este porcentaje baja al 61% en la muestra global. Sin embargo, en el conjunto de países analizados el porcentaje es del 61%. ¿A qué se debe esta diferencia? ¿Qué impacto puede tener al IA en la consecución de los objetivos de sostenibilidad de las empresas?

R. La diferencia en el compromiso con ESG entre empresas españolas (y europeas) y las de otras regiones se explica, en gran parte, por la urgencia y cercanía de los retos medioambientales en Europa.

En España, el cambio climático es una realidad palpable, que afecta a sectores clave como la agricultura, el turismo y la industria, especialmente por la escasez de agua. Esta presión directa obliga a las empresas a priorizar la sostenibilidad y a invertir en soluciones responsables.

Y en cuanto al impacto a la IA, desde luego puede tener efectos muy positivos. En primer lugar, facilita la recopilación y análisis de grandes volúmenes de datos, lo que mejora la calidad y eficiencia de los informes de sostenibilidad, como los requeridos por la normativa europea CSRD. Además, esta tecnología permite realizar benchmarks avanzados, comparando el desempeño de una empresa con el de sus competidores y ayudando a identificar áreas de mejora.

Otra aplicación relevante es el uso de gemelos digitales, que permiten simular escenarios y evaluar el impacto de diferentes decisiones en términos de consumo energético, emisiones o uso de recursos.

P. Teniendo en cuento los grandes cambios a nivel social, geopolítico y tecnológico de los que estamos siendo testigos, ¿cómo imaginas que será la empresa de 2035?

R. En 2035, la empresa será más local para ganar flexibilidad en un mundo estructurado en bloques regionales (América, Europa, Asia). Esto se reflejará en la producción, el diseño la investigación o en los flujos financieros.

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Además, también será más resiliente, porque en los próximos años los efectos del cambio climático serán más notables. La resiliencia dejará de ser un concepto teórico para convertirse en una necesidad práctica, con planes claros para afrontar crisis y asegurar la continuidad del negocio.

Y también, la fuerza laboral será híbrida. Creo que seremos la última generación que habrá gestionado equipos formados exclusivamente por seres humanos. En la próxima las personas convivirán con agentes virtuales de IA. Pero las personas seguirán siendo el núcleo de las empresas. Ellas seguirán tomando las decisiones. Y la regulación debe velar por que sea así.