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¿Deberían cotizar los robots?

Los robots del siglo XX no distinguen una labor de otra, sino que repiten una serie de movimientos predeterminados de forma precisa sin recibir información sensorial. Pero el robot del siglo XXI es capaz de recibir y procesar información sensorial, acercándose más a las cualidades de los seres humanos, ante lo que surgen temores por la posibilidad de sustituir cierta mano de obra cualificada.

Históricamente toda revolución -y la robotización sin duda lo es- genera un contrapeso ideológico que lo cuestiona, confronta o busca una solución a lo que la revolución se lleva por delante. Respecto al tema que nos ocupa, existen varios contrapesos a debate. En el ámbito jurídico, los más relevantes debaten sobre si un robot, en tanto que sustituto de un trabajador, debería cotizar a la Seguridad Social. El otro es el concepto de la Renta Básica Universal.

Respecto al primer planteamiento, podemos afirmar que un robot no puede cotizar. En esencia, las personas cotizan por dos razones: para tener cobertura sanitaria pública y para obtener una pensión cuando alcancen la edad de jubilación. Y ni lo uno ni lo otro es aplicable a un robot. Además, el progreso industrial lleva decenios sustituyendo mano de obra por maquinaria, por lo que no nos encontramos ante un concepto realmente nuevo. Lo nuevo y revolucionario es la capacidad de los robots de asumir tareas más allá de las meramente repetitivas.

Otro aspecto, fuera en esencia de este debate, sería la creación de nuevos tipos impositivos que gravasen directamente la tenencia industrial de robots. Recordemos que las compañías francesas tienen especial querencia a la realización de inventarios sobre los activos fijos de forma mucho más periódica y exhaustiva que sus homólogas europeas. Esto se debe a que en Francia existía un impuesto especial sobre la tenencia de activo fijo, surgido en tiempos pasados para sufragar la recuperación de alguna gran guerra. Quién sabe si un impuesto similar, eliminado no hace mucho por Nicolás Sarkozy, podría entrar de nuevo en escena.

Mucho más interesante es el debate sobre la Renta Básica Universal. Parte del principio de que, por primera vez en la historia reciente, hay datos que ponen de manifiesto que ya no va a haber trabajo para todos:

  • La población mundial es hoy de siete mil seiscientos millones de personas (7.600.000.000). En los últimos 2000 años, unos 20 siglos, ha crecido de forma desigual a razón de 400 millones cada siglo. En los 70 siglos que precedieron a este período, había crecido tan solo a razón de 3 millones cada siglo. Por tanto, el incremento poblacional en los últimos tiempos es exponencial, pasando de 3 millones a 400 millones de incremento medio por siglo.
  • De los 7.600 millones de personas actuales, aproximadamente un 35% tiene un empleo. El resto lo forman personas fuera del mercado laboral (niños y jubilados básicamente) y desempleados en edad de trabajar. Y de estos 2.700 millones empleados, aproximadamente la mitad es mano de obra, tanto cualificada como de baja cualificación.
  • Las predicciones del Banco Mundial alertan que se necesitan generar 600 millones de puestos de trabajo de aquí al 2030 para atender las tasas de crecimiento previstas, principalmente en las economías en vías de desarrollo, con bajos niveles de educación, por tanto, necesitada de puestos poco cualificados.

Y en medio de esta encrucijada en los países desarrollados implosiona el auge de la robotización, que permite justamente eliminar puestos de trabajo basados en mano de obra.

Lo cierto es que ahora un tercio de esos 2.700 millones de empleados en el mundo subsiste con menos de 1,8 dólares diarios, por lo que el concepto de renta básica renace con fuerza después de diferentes aproximaciones sociológicas.

Pese a la relativa actualidad de estas cifras, el debate sobre la Renta Básica Universal no es nuevo. A principios del siglo XX ya ocupaba parte del debate, aunque desde un punto de vista ideológico. Y pese a que parezca lo contrario, la renta básica se consideraba un posicionamiento liberal, en contraposición a otro tipo de transferencias que tenían un cariz paternalista. Un planteamiento basado en “el Estado sale en tu ayuda en situaciones adversas” Vs. “El derecho a una renta mínima universal”.

No obstante, el gran salto se produjo en 1986 cuando Van der Veen y Van Parijs, sociólogos belgas publicaron, con notable éxito, ‘Una vía capitalista al comunismo’. En el defendían un modelo de redistribución donde todo ciudadano, por el hecho de serlo, recibe del Estado una renta aunque no pueda o no quiera realizar labor productiva alguna.

Años después, en 2019, diferentes activistas europeos formaron el ‘Comité Ciudadano Europeo por una renta básica incondicional’, que trata de recoger firmas en toda Europa para trasladar el debate al Parlamento Europeo. En todos estos movimientos se entremezclan por un lado el deseo de terminar con la pobreza en buena parte del planeta y por otro la constatación de que el pleno empleo va a ser cada vez mas una utopía imposible de materializar.

El futuro pues, se presenta lleno de retos. Habrá que ver de qué forma nuestra civilización encuentra la manera de generar movimientos sin duda interesantes para garantizar su supervivencia. Cambio y adaptación son conceptos que nos parecen muy modernos, pero siempre nos han acompañado a lo largo de nuestra historia. Seamos optimistas.

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Marc Basomba

Marc Basomba es socio de Outsourcing y Compliance en KPMG Abogados. Con más de 20 años de experiencia, está especializado en ofrecer soluciones a los CFOs para mejorar la excelencia en operaciones y cumplimiento, especialmente a través de la externacionalización y el rediseño de los procesos.
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