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Las medidas del BCE para las entidades financieras ante la crisis del COVID-19

Si nos preguntáramos cuánto capital necesitan los bancos, la respuesta sería la misma que en la crisis de 2008: el que el supervisor considere apropiado en cada momento. Al fin y al cabo el nivel de capital no es más que tiempo… tiempo que el banco puede aguantar en situaciones adversas: a más capital más tiempo aguanta. Pero los problemas no se solucionan con más capital sino con medidas tendentes a incrementar los beneficios y la eficiencia, y con saneamientos. Una vez más se cumple que la próxima crisis será diferente.

Por eso, la rápida reacción del BCE respecto a los requerimientos de capital de los bancos es tan importante, ya que flexibiliza precisamente el uso de aquellos recursos propios que se habían creado para ser utilizados en situaciones como la actual. La regulación y el BCE llevan años incrementando los requerimientos de capital de los bancos, para que llegada una nueva situación de crisis tuvieran músculo para absorber las pérdidas. Y la situación ha llegado, aunque como en un tsunami todavía tardará un tiempo en verse los efectos. El terremoto submarino ya se ha producido, y la ola se percibe, pero los bancos tienen diques de contención gracias a que el BCE les va a permitir usar los colchones de capital que han estado creando desde hace más de cuatro años.

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De esta forma, el BCE ha comunicado que “permitirá que las entidades operen temporalmente con niveles inferiores al nivel de capital establecido en la recomendación de Pilar 2 (P2G), al colchón de conservación de capital (CCB) y a la ratio de cobertura de liquidez (LCR)”. El P2G era el colchón de capital que el BCE pedía a los bancos para hacerles resistentes a futuras situaciones de estrés y para su cálculo usaba como base a los resultados obtenidos por cada banco en el ejercicio de simulación de crisis. El CCB tiene como objetivo, y cito textualmente al Banco de España “que la entidad tenga suficiente capital para absorber pérdidas en un entorno económico de estrés y mantenerse en todo momento por encima de los requerimientos mínimos. Para poder cumplir su función, se requiere que el colchón de conservación tenga plena capacidad para absorber pérdidas y, por tanto, debe estar compuesto por Common Equity”.

Existe otro colchón, el anticíclico, pero en el caso español su uso no será posible, ya que se mantenía en 0%, al contrario que en el caso de nuestros vecinos del norte de Europa, cuyo ciclo económico era distinto a los del sur de Europa, una vez más. El impacto global de todas estas medidas podría llegar a significar para los bancos de algunos países europeos casi 500 puntos básicos de recursos propios. Además de permitir a los bancos usar los colchones, el BCE y la Autoridad Bancaria Europea han anunciado otra serie de medidas.

La primera es que van a hacer uso de toda la flexibilidad que la regulación les permita y para ello el BCE han obtenido la “autorización” de la Autoridad Bancaria Europea, algo muy poco habitual. Y a esa flexibilidad regulatoria se unirá la flexibilidad supervisora que el propio BCE ha anunciado para quitar presión operativa a los bancos. Sin embargo es de esperar que esta flexibilidad regulatoria y supervisora vuelva a encontrarse con el muro de la contabilidad, que depende de otros organismos cuya capacidad de reacción es mucho más lenta y que puede neutralizar parte de sus esfuerzos.

En segundo lugar, la Autoridad Bancaria Europea ha cancelado el ejercicio de estrés que llevaba en marcha desde hace un par de meses. No tiene sentido destinar tiempo y dinero de los bancos a un ejercicio de simulación de crisis cuando la estamos viviendo en directo. De esta forma se quita presión a los empleados de los servicios centrales de los bancos, que podrán centrarse en los planes de continuidad de negocio y en la adopción de medidas para navegar en esta nueva tormenta.

La conclusión es que, aunque las medidas de liquidez anunciadas por el BCE han sabido a poco al mercado, en lo que respecta a las medidas supervisoras debemos felicitarles por la rapidez en su reacción, que transmite cierta tranquilidad muy necesaria en los tiempos que vivimos. Ahora toca mover ficha a los reguladores contables. Respecto a la reflexión de si la nueva situación acelerará la consolidación del sector bancario en Europa y en España, el tiempo dirá.

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Esta tribuna fue originalmente publicada en Expansión el 14 de marzo de 2020 bajo el título de ‘¡Oh capital, mi capital!’.

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